miércoles, 5 de septiembre de 2007

UN TEMA PARA PENSAR


EN LA SELVA
NO HAY ESTRELLAS
PARTE 2
Por tanto barullo mercantil y por las complicaciones que implica esta 'globalización fracturada' (Francisco Sagasti), hemos perdido de vista las estrellas que permitirían orientarnos en el caos aparente de fusiones, adquisiciones, derivados, derivados de los derivados, carry trade, bonos basura, titulizaciones, hipotecas subprime, fondos mutuos, fondos sin fondos, etc.
Sacándonos de encima esas lianas y ramas selváticas, es evidente que EEUU ha vivido una especie de carnaval durante los años que siguieron a la recesión del 2001, generando gigantescos desequilibrios económico-financieros. Como es sabido, el irresponsable déficit fiscal es consecuencia del colosal gasto en armamento y de la reducción tributaria que benefició a los estratos de ingresos altos. Por otro lado, EEUU ha vivido alegremente del ahorro externo, sobre todo a partir del año 2002, momento a partir del cual los déficit externos rebasaron el 4% del Producto Interno Bruto (PIB): 4,5% en 2003; 5,2% en 2004; 5,8% en 2005 y 2006; y (con optimismo) un 5,3% en el año 2007, ya que el valor nominal del déficit externo en cuenta corriente del primer semestre de este año respecto al mismo periodo del año pasado se ha reducido en un 7,7%, de 382.300 millones de dólares a 352.800 (tres y veces y media el PIB del Perú), gracias al aumento de las exportaciones de bienes y servicios (11%) y al hecho de que las importaciones sólo se expandieron un 4,4%. Lo que indica que en el imperio se ha vivido bastante más allá de las posibilidades reales de su economía.

Financiados por el ahorro del resto del mundo, especialmente por la acumulación de bonos del Tesoro, no parecen vislumbrarse mayores peligros para la economía estadounidense... por lo menos hasta que -espada de Damocles que pende sobre EEUU- los bancos centrales no se decidan a reestructurar sus portafolios de activos de la zona-dólar a la del euro, sobre todo si lo hicieran China o los países exportadores de petróleo.

Si bien es cierto que esos dos fenómenos y el sobreendeudamiento extremo de Gobierno y familias estadounidenses son elementos fundamentales para entender el proceso (véanse los detalles en el texto «El país de las burbujas» de Alberto Graña, en la revista Actualidad Económica del Perú, junio-julio del 2007), creemos que la causa última de la turbulencia financiera -que sólo es el detonante de un proceso más profundo- estriba en la culminación de la fase ascendente o 'A' de la onda larga de Kondratieff (esos ciclos que duran alrededor de 50 años), durante la cual se aprovechó muy bien -las dos últimas décadas- la revolución tecnológica basada en la microelectrónica y las telecomunicaciones, así como en la biotecnología y los nuevos materiales.

Desde hace un año, sin embargo, como consecuencia de la fenomenal sobreinversión acumulada, se han ido esfumando los 'espíritus animales' (Keynes) de los empresarios, especialmente los de los más innovadores o schumpeterianos. Esto se refleja en el estancamiento e, incluso, en el descenso de la productividad y de las tasas de ganancia de los sectores que fueran los más dinámicos de las economías desarrolladas. Pierden así competitividad a escala mundial, lo que también permite entender por qué el capital financiero-especulativo ha estado desempeñando recientemente un papel protagonista frente al capital propiamente productivo. Es decir, hemos pasado ya a la etapa 'B' o descendente de la onda larga: la turbulencia económica y financiera nos acompañará en lo que resta de década y estaría caracterizada por devaluaciones competitivas, amenazas político-económicas entre los grandes, guerras de precios con los pequeños y, sobre todo, proteccionismos selectivos, tanto de tipo para-arancelario respecto a los bienes y servicios que les exportamos, como del tipo -nefasto e ingenuo a la vez- que construye muros para evitar la globalización de la fuerza laboral. Si no reconocemos el infernal proceso de la economía real seguiremos con la intención de resolver la crisis financiera como si fuera una de liquidez, cuando es de solvencia. Y no habrá quién pueda escapar indemne de la selva tras el inevitable aterrizaje forzoso.

JÜRGEN SCHULDT

Publicado en "La Insignia", Perú, el 23 de agosto de 2007



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