martes, 7 de julio de 2009

PENSADORES DE ESTE TIEMPO

NOTA CUATRO

LOS MECANISMOS
DE PROPAGACIÓN DE LA CRISIS
Es preciso regresar a 2007 para precisar el punto de inflexión de la coyuntura de EE UU e identificar los mecanismos de propagación de la crisis financiera desatada en agosto. El primer mecanismo de propagación es interno a la economía norteamericana. Tiene como origen el estallido de una burbuja inmobiliaria que se formó progresivamente desde el 2004. Comenzó afectando la actividad económica estadounidense en el sector de la construcción, pero también a la economía en general. El ritmo de la creación neta de empleos cayó en promedio mensual de 189.000 en el 2006 a 118.000 en el curso de los meses de agosto–septiembre–octubre.
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Implicó la quiebra de algunas sociedades financieras, de dos tipos: las titulización de sociedades de préstamo hipotecario y las especializadas en la actividad de titulización de préstamos hipotecarios riesgosos, su compra y su reventa (explicaremos más adelante en que consiste esta titulización). Hablar de «burbuja inmobiliaria» se justifica porque casas y departamentos no representan sólo un valor de uso para el propietario, sino también un «activo financiero», que se compra pensando revenderlo y sirve de garantía para otros préstamos. En el origen de una burbuja se encuentra siempre, junto con candidatos a especuladores que tienen dinero para colocar, procesos que alientan la idea de «buena colocación» de bienes patrimoniales –títulos financieros, departamentos o casas– a ser comprados para revenderlos con ganancia segura y alta rentabilidad.
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Una vez que este convencimiento colectivo (siempre de carácter «ovejuno») toma cuerpo, comienza un alza de precios de los activos implicados que impone durante cierto tiempo un proceso de autorrealización. La subida de los precios atrae nuevos compradores cuya llegada empuja los precios todavía más arriba. En el caso de los títulos de empresas (acciones u obligaciones privadas) esto dura hasta que se dé un cambio de coyuntura como resultado de la marcha lenta de las inversiones o del consumo o de un choque exterior, que rompe la inercia de los inversores y los empuje a deshacerse de los títulos más expuestos.
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En el caso del inmobiliario, el momento en que termina la subida de precios proviene de la saturación de la demanda, el grado de sobre–inversión resultante de «anticipaciones» excesivamente optimista de los promotores inmobiliarios y también de la simple disminución del crecimiento de los ingresos en los hogares.
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En los Estados Unidos, la utilización de la casa individual como activo financiero viene de lejos. En el curso de la última década y a despecho del mundo bursátil, las plusvalías realizadas con la compra y venta de casas de habitación individuales fueron la primer fuente (60%) de enriquecimiento patrimonial de los hogares estadounidenses y las plusvalías bursátiles (20%) ocuparon la segunda posición. La práctica de préstamos hipotecarios se generalizó desde hace mucho, pero también y de manera aún mas importante la de titulización de los préstamos hipotecarios poseídos por los bancos.
Sobre este dispositivo descansa el sueño americano (más exactamente, el mecanismo de estabilidad social) de acceso a la propiedad de la vivienda. Por eso en el 2002 el sector inmobiliario fue elegido por la FED y el gobierno federal para relanzar la actividad económica. A medida que la burbuja inmobiliaria se formó, los préstamos hipotecarios ya no fueron ofrecidos solamente a los hogares que disponían de ingreso relativamente altos y estables, sino también a los que no estaban en esa situación. La desreglamentación acelerada de los años 1990 y 2000 permitió el florecimiento de sociedades de préstamos hipotecarios independientes (que hoy la FED reconoce no poder controlar, ni siquiera supervisar).
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Son las que están directamente en el origen del mercado de préstamos «subprime» (literalmente «inferiores a la norma de calidad»). Pero para qué préstamos de riesgo muy frágiles y dudosos no sólo fuesen acordados, sino también que los mismos fueran revendidos, era preciso que las sociedad de préstamo hipotecario independientes encontraran sociedades financieras robustas (al menos aparentemente) frente a las cuales ellas pudiesen titulizar los contratos que habían hecho firmar. Y los fondos especulativos de alto riesgo (los Hedge laberinto nos 26-27 / 1er y 2o cuatrimestre de 2008
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¿Por qué los fondos de colocación especulativos ocuparon un lugar cada vez más importante desde 2002–2003? Debido al débil rendimiento de las obligaciones derivado de la baja en las tasas de interés, así como al estrechamiento de los mercados de acciones (acechamiento relativo, en relación a la masa de «liquideces» que buscaban valorizarse), los inversotes institucionales adoptaron y propusieron a sus clientes lo que se llama una «gestión dual». Por un lado constituyeron carteras de «gestión pasiva», para cubrir sus costos. Por el otro delegaron la gestión activa de las colocaciones destinadas a ofrecer rendimientos elevados, ya sea a los Hedge Funds (existentes o que ellos mismos crearon), ya sea a los «fondos de fondos», especialmente de Private Equity, especializados en las OPA con un fuerte efecto de palanca que también constituyeron solos o asociándose.
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Los Hedge Funds buscan colocaciones con rendimiento alto. Sus estrategias descansan en palancas de préstamos muy elevados, activos de alto riesgo y una rotación muy rápida de sus carteras. Con el 5% de los activos gestionados en el mundo, los Hedge Funds realizan entre un tercio y la mitad de las transacciones diarias combinadas de Nueva York y Londres. El ingreso de nuevos actores en la industria de inversiones financieras en un contexto de liquideces masivas (cuya causa se explica más adelante) exacerbó la competencia. Se asistió entonces a la creación de instrumentos de colocación cada vez más complejos, generalmente basados en la titulización y la creación de lo que la jerga denomina los «productos sintéticos» en los que se realiza un «empaquetamiento» de acreencias de origen y fiabilidad muy distintos.

Son los RMBS (Residencial Mortage Backed Securities) es decir los títulos adosados a préstamos inmobiliarios; los CDS (Credit Default Swaps) que son derivados de créditos que implica transferencias a través de un interés del riesgo ligado la tendencia de obligaciones de empresas; y finalmente los CDO (Collateralied Debt Obligation), que son «títulos derivados», es decir el resultado de dos operaciones sucesivas de titulización. Como pudo verse desde agosto, estos títulos mantenidos en «gestión dinámica» por los bancos, contenían generalmente acreencias hipotecarias insolventes.
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(CONTINUA EN LA NOTA CINCO)
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(+) FRANÇOIS CHESNAIS es profesor asociado en la Universidad de Paris-Nord, Villetaneuse. Chesnais es la promoción de la ATTAC, como miembro del Consejo Científico, con el cual ATTAC se ha transformado en una universidad popular en el país, hablando en el plano económico y financiero como sus mecanismos democráticos. Las campañas que están creciendo y, en combinación, forma el perfil de "otros mundos posibles" frente al pensamiento único”. Chesnais quiere mostrar que el movimiento actual de la economía no es, contrariamente a lo que se repite cada día, la liberalización de los mercados.

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