viernes, 24 de agosto de 2007

AYUDANDO AL AMANECER


Quien firma esto (que apareció hoy en "La República") se puede decir que es de la "vieja guardia" de AEBU. Militante desde pibe, dirigente. Luchador social. Exiliado y organizador de la CNT en el exilio y participante de los instrumentos que dieron "aire" al Uruguay por los rumbos del mundo, cuando nos invadio la Dictadura. Hoy anda en un puesto del Gobierno, como Presidente de PLUNA. Lo estamos conminando a que, entre vuelo y vuelo, nos escriba algo en este Blog. ¿Por que no de la Caja Bancaria?)FD


"No fue y no será útil a los trabajadores sentarse en sus casas a esperar que alguien les traiga soluciones (...) La única garantía primaria en la que se debe confiar es en las propias energías. No hay que esperar hasta que aclare. Hay que ayudar a que amanezca".
Esa fue la conclusión a la que arribó la asamblea general de AEBU, el 19 de diciembre de 1981, contando con la presencia de un millar de trabajadores bancarios que, venciendo los temores de aquellos tiempos de terror, sintetizaron una discusión que al precario movimiento sindical del momento le insumió siete meses.
En efecto: desde que la dictadura aprobó la Ley 15.137 llamada de asociaciones profesionales --una aflojadita obligada por la derrota sufrida en el plebiscito constitucional de noviembre de 1980-- los militantes sindicales discutieron intensamente en torno a si correspondía ignorar la ley o aprovechar los espacios que ella abría, aún sabiendo que esos espacios eran muy limitados. Y en esa oportunidad, la asamblea de los bancarios dijo quiero, vale cuatro y comenzaron a nacer las asociaciones de primer grado en cada banco privado, habida cuenta de que la malhadada ley no autorizaba la organización de los trabajadores del Estado.
A ese puntapié inicial se sumaron otros gremios, en un movimiento creciente que recibió su bautismo arropado por una multitud el 1º de Mayo de 1983. En esa oportunidad, los uruguayos se familiarizaron con la sigla PIT y tomaron debida nota de que se emparentaba directamente con "la disuelta CNT".
Pero a la resolución de la asamblea había que meterle carne y sangre para que las asociaciones de primer grado nacieran, crecieran y se reprodujeran.
Para ello AEBU contaba con un reducido número de "veteranos" que habían nacido a la militancia antes de la dictadura, entre los que destaco a Juan Pedro Ciganda, Guillermo Alvarez, Milton Antognazza, Eduardo Maggioli y pido disculpas porque seguramente omito algunos nombres de queridos compañeros.
Entonces, a ese pequeño grupo se le arrimó una serie de chiquilines de veinte años, cada uno con su experiencia de militancia social o política o ninguna de ellas a cuesta, para crecer, conducir, reivindicar, organizar, en las peores condiciones. Ellos constituyeron la zaga de AEBU en el PIT y luego en el PIT-CNT.
Téngalo bien en cuenta. No se trataba simplemente de convocar a una asamblea y reunirse libremente para debatir lo que fuera, como ocurre hoy día. Había que comenzar por vencer los propios temores, ayudar luego a los compañeros de trabajo a que lo hicieran también e iniciar la búsqueda de los estrechos caminos para defender los intereses del colectivo.
Aquellos chiquilines son los que hoy, sin haber llegado a los cincuenta, tienen enormes responsabilidades en la conducción de su sindicato y de la central sindical.
AEBU arrimó muchos y muy buenos dirigentes a ese renacer del movimiento sindical en las postrimerías de la dictadura. Lamentablemente tuvo que asistir a la desaparición física prematura de muchos de ellos, que fueron muriendo, truncando de esa manera una contribución muy fructífera para el desarrollo del país.
Yo quiero rescatar para todos nosotros la memoria de Joaquín Pau, Germán Cabrera, Marcos Arias, Ricardo Mantero, Daniel Hernández.
Y lo hago hoy, todavía impactado por la muerte de Juan José Ramos, el gordo Juanjo. Respecto de él, toda la prensa ha recordado en estos días su participación protagónica en la superación de la crisis bancaria de 2002 y su oposición a Tenfield en defensa de la AUF. Y eso está bien, porque es verdad. Pero no lo es menos, que, saliendo de su militancia de parroquia en el barrio del Buceo, se puso al frente de la asociación profesional del personal del Banco Real, a fines de 1981, integrando primero y encabezando después, la columna de los que hicieron que el Uruguay democrático que hoy tenemos exista.

CARLOS BOUZAS



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