domingo, 10 de febrero de 2008

VEJEZ: UN TIEMPO DE VIDA

LA TERCERA EDAD

RAMÓN DURÓN RUIZ
Gerontólogo, MEXICO

Somos una sociedad llena de contradicciones, cada diciembre esperamos con alegría el año nuevo, reverenciando al que se va, representado por un viejecito canoso. Al término ancianidad le aplicamos un rasismo biológico e intelectual que lastra posibilidades para todos, una representación de renuncia; cuando en verdad es testimonio de capacidad de victoria, de fuerza para sobrevivir, para salir adelante.
La vejez está llena de vida, de sabiduría, de magia, que dan respuestas a cuestiones cuya solución está velada a sus sucesores, a no ser que nuestros ancianos intervengan en la solución de preguntas sin aparentes respuestas. Es necesario aprender a envejecer en una sociedad cretina, en la que somos "civilizados" pero cada vez más incultos; que vive en el encono, ignorando que la vejez es la edad de los encuentros, de vivir con miras altas, de ser una ardiente promesa.
Grandes naciones han confiado los más altos oficios a los "viejos", entre ellos el de gobernar. El sanedrín de Israel estaba integrado por 72 ancianos; el Senado romano (senado viene de senectud: viejo) tenía tanto o más poder que el César; llamamos a los sacerdotes católicos presbíteros, en griego significa viejo, para honrarlos; la vejez es título de sabiduría. Muchos genios han realizado lo mejor de sus obras en la ancianidad: Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles, Moisés, Goethe. Fausto demandó en su vejez permutar su cuerpo por uno joven, nunca solicitó, cambiar su alma vieja y sabia por una inexperta
(SACADO de CONTEXTO)

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