domingo, 22 de junio de 2008

CRISIS QUE VENDRA O NO VENDRA...

EL ESPECTRO DE LA
ESTANFLACIÓN GLOBAL
Blog Comisura
http://comisura.blogspot.com/
Nouriel Roubini NUEVA YORK (*)
Viernes 20 de junio de 2008
¿Conducirá la creciente inflación global a una pronunciada desaceleración económica? Peor aún, ¿reavivará la estanflación, esa combinación mortal de inflación en aumento y crecimiento negativo? La inflación ya está en aumento en muchas economías avanzadas y mercados emergentes, y hay señales de una probable contracción económica en muchas de las primeras (Estados Unidos, Reino Unido, España, Irlanda, Italia, Portugal y Japón).
En las economías emergentes, la inflación ha estado asociada –hasta ahora– con el crecimiento, e incluso con el sobrecalentamiento de la economía. Pero la contracción económica en Estados Unidos y otras economías avanzadas puede conducir a una asociación en lugar de una disociación del crecimiento en los mercados emergentes, a medida que la contracción estadounidense desacelere el crecimiento y la inflación creciente obligue a las autoridades monetarias a restringir las políticas monetaria y de crédito.
La estanflación necesita un choque negativo del lado de la oferta que aumente los precios y al mismo tiempo reduzca la producción. Los choques estanflacionarios han provocado una recesión mundial tres veces en los últimos 35 años: en 1973-1975, cuando los precios del petróleo se dispararon tras la Guerra del Yom Kippur y el embargo de la OPEP; en 1979-1980 después de la revolución iraní; y en 1990-1991, tras la invasión de Kuwait por Irak.
Un fuerte crecimiento global en 2007 marcó el inicio de un aumento de la inflación global, un fenómeno que, con ciertas salvedades (la brusca desaceleración en Estados Unidos y algunas economías avanzadas), continúa en 2008. Por lo tanto, si se excluye un choque del lado de la oferta verdaderamente negativo, la estanflación es poco probable.
Los aumentos recientes en los precios del petróleo, la energía y otros productos básicos reflejan varios factores: El elevado crecimiento de la demanda de petróleo y otros productos básicos entre las economías de mercado emergentes con rápido crecimiento y urbanización se está dando en un momento en el que las limitaciones a la capacidad y la inestabilidad política en algunos países productores restringen su oferta.
La mayoría de estos factores son similares a choques positivos en la demanda agregada global, lo que debería conducir a un sobrecalentamiento económico y un aumento de la inflación global. Las políticas de tipo de cambio son cruciales. Los superávit en cuenta corriente considerables y/o la mejora de la relación de intercambio implican que el tipo de cambio de equilibrio real (el precio relativo entre los bienes extranjeros y los nacionales) se ha apreciado en países como China y Rusia.
Así, con el tiempo el tipo de cambio real debe convergir mediante una apreciación real con el tipo de equilibrio más fuerte.

Si no se permite la apreciación del tipo de cambio nominal, la apreciación real sólo podrá ocurrir mediante un aumento de la inflación interna. Por lo tanto, la forma más importante de controlar la inflación –recuperando al mismo tiempo la autonomía de las políticas monetaria y crediticia necesaria para controlar la inflación– es permitir que las monedas de esas economías se aprecien significativamente.
Desafortunadamente la necesidad de apreciar las monedas y de la austeridad monetaria en los mercados emergentes sobrecalentados llega en un momento en que la recesión inmobiliaria, la contracción del crédito y los elevados precios del petróleo están provocando una acentuada desaceleración en las economías avanzadas-y una recesión abierta en algunas de ellas.
El mundo ha completado el círculo. Después de un período benigno con un choque positivo en la oferta global, un choque positivo en la demanda global ha conducido al sobrecalentamiento y presiones inflacionarias crecientes a nivel mundial. Ahora hay preocupaciones sobre un choque estanflacionario en la oferta digamos, una guerra con Irán aunado a un choque deflacionario en la demanda a medida que revienten las burbujas inmobiliarias.
Las presiones deflacionarias podrían afianzarse en las economías que se están contrayendo, mientras las presiones inflacionarias aumentan en las economías que todavía crecen con rapidez. Por lo tanto, los bancos centrales de muchas economías avanzadas y emergentes se enfrentan a una pesadilla en la que deben restringir la política monetaria (para luchar contra la inflación) y al mismo tiempo relajarla (para reducir los riesgos al crecimiento).
A medida que los riesgos de inflación y los que afectan al crecimiento se combinen de maneras distintas y complejas en economías diferentes, será muy difícil para los banqueros centrales equilibrar estos imperativos contradictorios.
(SACADO de CONTEXTO)
(*)El autor es profesor de economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y presidente de RGE Monitor (RGE Monitor) © Project Syndicate 1995-2008

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