
"DESCUBRI A UN GRAN URUGUAYO,
DESCUBRI A UN GRANDE..."
Por el Dr. LEONARDO COSTA
ABOGADO. FUE PROSECRETARIO DE LA PRESIDENCIA DEL DR. JORGE BATLLE, ENTRE MARZO DE 2000 Y MARZO DE 2005
(SACADO de CONTEXTO)
Como muchos uruguayos, conocí a Juan José Ramos luchando por sus derechos de manera efusiva y con mucha, mucha garra. Convencido de sus ideas, muchos lo vimos en la televisión cuando increpaba a un empleado de una multinacional de seguros por no acatar una medida gremial. Lo vi., como todos los uruguayos, en las puertas de un banco de la Ciudad Vieja en una huelga de ese banco, ofuscado, contrariado por la decisión de la empresa ya que él entendía que se afectaban derechos laborales. Lo hacía de manera vehemente.
-Como muchos uruguayos, conocí a Juan José Ramos luchando por sus derechos de manera efusiva y con mucha, mucha garra. Convencido de sus ideas, muchos lo vimos en la televisión cuando increpaba a un empleado de una multinacional de seguros por no acatar una medida gremial. Lo vi., como todos los uruguayos, en las puertas de un banco de la Ciudad Vieja en una huelga de ese banco, ofuscado, contrariado por la decisión de la empresa ya que él entendía que se afectaban derechos laborales. Lo hacía de manera vehemente.
Hasta ese momento vi a un personaje que ejercitaba de manera muy impetuosa, apasionada, y diría que hasta fuera de lo común, sus derechos. No me gustaba. Debo ser sincero. Fui crítico y realmente no me caía bien. Yo, hasta el año 2000 trabajaba en una firma de abogados de la que alguno de sus integrantes había sido declarado persona no grata para AEBU a través de gestiones de Juanjo. Era lógico que Ramos no me cayera en gracia. Todo cambia cuando lo conocí. Cambié, luego de juzgar en forma negativa al histriónico dirigente sindical, cuando desentrañé a la persona, a Juanjo, al Gordo, al Amigo Juan José Ramos. A partir de ese momento, lo consideré un GrandEn ese marco, la crisis del año 2002, la peor que todos los que hoy habitamos este país recordamos, me permitió desenmascarar al otrora personaje televisivo que yo, como muchos uruguayos, conocía como Juanjo Ramos.
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Todos mis preconceptos por suerte cambiaron ya que allí descubrí a un Gran Uruguayo, a un Grande, a un ser cariñoso, comprensivo y efervescente. Si hay algo que puedo decir con propiedad, es la importancia que tuvo la colaboración del gobierno de Estados Unidos de América al Uruguay en la salida de la crisis financiera. Sin lugar a dudas esa ayuda fue importante, pero fue dinero, nada más que dinero. Faltaba algo, un intangible, algo invaluable e insoslayable: el aporte en valores. Ese aporte vino de la mano, al igual que de muchos otros uruguayos, de Juanjo. Juanjo Ramos fue clave. Juanjo fue decisivo. Juanjo no midió costos y vaya si los pagó. Para él, estuvo primero el país, y luego los intereses sindicales. Para él primero estuvo la estabilidad, luego él y su familia.
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En los meses previos a lo que fue la salida definitiva a la crisis bancaria, y lo mas importante, en los posteriores, Juanjo fue una de las claves silenciosas de la calma en la tormenta financiera. Fue el tranquilizante en los momentos de la crisis nerviosa. Fue la persona que se acercó, en silencio, pero con decisión a ayudar. Lo acompañaron Lalo Fernández y otro amigo que fue quien me lo presentó, Mario Bergara. Me pidieron que facilitara una reunión con el Presidente Batlle para colaborar con una pronta salida de la crisis. Lo recibimos, junto al Presidente Batlle, en Suárez. Conversamos mucho. Juanjo necesitaba ayudar, aportaba ideas, consejos y sobre todo apoyo.
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Pero su afán de ayudar no comenzó en ese momento, sino en diciembre de 2001, cuando se despertaba la crisis de liquidez en el Banco Galicia y era necesario bajar la pelota al piso; Juanjo lo hizo. Trató, aunque sin éxito, en la medida de sus posibilidades que la gente se tranquilizara y no siguiera la sangría de los depósitos. Apareció un paro bancario por razones circunstanciales que la verdad no recuerdo, pues la razón real era que durante al menos un día la gente no sacara los dineros del banco. No teníamos a simple vista muchas cosas en común. Hasta que yo lo conocí. Allí descubrí que compartíamos lo más importante en la vida: valores. Creo que los dos compartíamos algo mucho más importante que los colores de un cuadro de fútbol, como es amor al país y a la libertad.
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Tengo muchas anécdotas de Juanjo que lo colocan en la categoría de un Grande. En diciembre de 2002, cuando comenzaba a asomar la salida a la crisis financiera, aun cuando faltaba lo más duro, que era la negociación de la deuda soberana con los organismos internacionales, me lo encontré en la calle. Creo que fue un 23 de diciembre; yo iba por la Avenida Batlle y Ordóñez y nos saludamos. Paró su auto y yo el mío. Conversamos y me pidió que acompañara al "Flaco" Atchugarry, que lo veía solo en el Ministerio de Economía. "Ayúdalo", me dijo. "¿Por qué?", pregunté. "Hay mucha gente queriendo que las cosas no le salgan", me contestó. Me transmitió algunas ideas para que se las comunicara a Alejandro.
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A fines de enero de 2003, al surgir una nueva corrida bancaria, que pudo poner en jaque la débil estabilidad alcanzada, junto a Esteban Valenti y Juanjo dijimos que había que ayudar a parar esa sangría. Juanjo salió a la prensa y tras desenmascarar un intento de conspiración la situación recobró la normalidad. Nunca supe si realmente tales causas fueron las que ocasionaron la mini corrida bancaria, pero lo que sí sé es que Juanjo ayudó a detenerla. Su palabra, a esos efectos, fue más creíble para los uruguayos que la de cualquier autoridad pública.
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Más de una vez conversamos sobre la instrumentación del famoso 3 por 1. Es decir, que cada tres funcionarios que abandonan la función pública ingresa uno de los que están en el seguro de desempleo bancario. Mucho luchó por eso y aun hoy resta instrumentar una salida final al tema. A mí me gustó colaborar con él y su sindicato. No porque me sintiera parte de su organización, sino porque me parecía que era un imperativo ético colaborar con una persona y con un gremio que él lideraba, que tanto habían aportado a la estabilidad y la democracia del Uruguay.
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Luego de eso, hablamos más de una vez sobre temas poco importantes para el país, pero para mí muy relevantes. Ya estábamos en 2005, yo volvía a la actividad privada. Me dio consejos y sobre todo apoyo espiritual en un proyecto profesional que yo estaba emprendiendo. Me dio algo que él no tenía: tiempo.
Cada tanto hablamos telefónicamente, sólo para saber cómo estábamos y cómo iban las cosas del país. Para mí fue muy lindo que alguien que en el pasado era un dirigente sindical de quien yo estaba lejos, se hubiera convertido en un amigo. Antes de conocerlo, y en la actividad privada, para mí Juanjo era prácticamente una especie de diablo. Luego de que lo conocí Juanjo pasó a ser un referente, un amigo, un Grande.
Cada tanto hablamos telefónicamente, sólo para saber cómo estábamos y cómo iban las cosas del país. Para mí fue muy lindo que alguien que en el pasado era un dirigente sindical de quien yo estaba lejos, se hubiera convertido en un amigo. Antes de conocerlo, y en la actividad privada, para mí Juanjo era prácticamente una especie de diablo. Luego de que lo conocí Juanjo pasó a ser un referente, un amigo, un Grande.
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