domingo, 5 de octubre de 2008

ESOS VIENTOS DE CRISIS

117 MIL EN SETIEMBRE
LA SEGURIDAD SOCIAL INDICA
QUE SE DESTRUYE EMPLEO
“LA VANGUARDIA”
MADRID - Redacción - 03/10/2008
El Gobierno mantiene que el elevado aumento del paro no se produce porque las empresas destruyan empleo. Su tesis es que la masiva llegada de emigrantes y la importante incorporación de mujeres y jóvenes están incrementando la población activa y el sistema productivo no los puede absorber. Por eso, las cifras oficiales estiman que este año se crearán 40.000 empleos netos (más de los que se destruyen). Sin embargo, los datos de la Seguridad Social son concluyentes. En septiembre el número de afiliados bajó en 117.000 y en los últimos doce meses la caída es de 276.166 afiliados de media. El número de afiliados al final de septiembre se ha situado en algo más de 19 millones de media. Ángel Laborda, responsable de estudios de Funcas, sostiene que con cifras corregidas de calendario los crecimientos de empleo en la primera parte del año ya fueron negativos y en los últimos cuatro meses se han agudizado. En su opinión esto pone de manifiesto que se ha empezado a producir una destrucción neta de empleo - se destruye más empleo del que se crea-. Según los analistas, se podrían destruir 400.000 empleos este año.
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LA BRECHA LATINOAMERICANA
Martes, septiembre 30, 2008
Por Modesto Emilio Guerrero
Escritor y periodista venezolano *
http://dechivolostamales.blogspot.com/

El derrumbe del sistema financiero global de Estados Unidos y Europa abre un espacio de desafío para el bloque regional

Como en tres o cuatro oportunidades en el siglo pasado, América latina tiene hoy la posibilidad de desconectarse, como definiría Salir Amín, de los nudos que la mantienen en el atraso y la fragilidad. La posibilidad se la brindan dos colosales concurrentes que han decidido encontrarse, en calidad de enemigos, en el mismo lugar a la misma hora.

El primero es la arrolladora crisis económica de Estados Unidos y sus efectos sobre el sistema mundial que el capitalismo terminó de globalizar desde finales de la Segunda Guerra. La magnitud de la rotura actual en la acumulación capitalista confirma sus límites históricos, advertidos por Marx y sus seguidores, y confirmados hasta por el Club de Roma en 1975 cuando se asustó de sí misma y dijo: “El sistema puede ingresar en una etapa de riesgo general”. Para especialistas como Itzvan Mészàros y François Chessnais, ya estamos ahí. Se habría abierto, según Chessnais, “las primeras fases de un proceso como el de 1929 a 1939, por primera vez a escala global, con manifestaciones brutales en la sustentabilidad de la naturaleza y la sociedad”. No es necesaria otra guerra mundial para tener noticia de sus efectos. Entre las varias manifestaciones, basta recordar que el capitalismo logró lo que nadie imaginaba: hacer coincidir por primera vez en la historia cuatro crisis peligrosas: la económica, la alimentaria, la energética y la ecológica.

La grave situación del G-7 constituye para la región una brecha, una hendija coyuntural tan útil como el cuento chino de la crisis y la oportunidad. Todos los cambios progresivos y las revoluciones triunfantes o derrotadas del pasado comenzaron por aprovechar brechas como ésta en el sistema de poder internacional. Alan Greespan, el especulador global que alimentó desde la FED la explosión financiera de hoy, advierte en sus memorias de 2007 sobre ese peligro: “El capitalismo está dejando brechas abiertas que están siendo aprovechadas por sus enemigos globales”.

El otro concurrente es el nuevo movimiento social de rebeldías multiformes que demostró su capacidad política varias veces desde 1999. No sólo desalojó gobiernos odiados por la aplicación neoliberal del capitalismo más obsceno. También reemplazó a algunos por gobernantes que considera propios y con ellos comenzó a transformar sus sociedades. A pesar de su difusa conformación de clase, ese movimiento mantiene potencial de transformación, como lo acaba de demostrar en Paraguay eligiendo a Lugo, en Venezuela desmontando un plan de golpe en menos de 24 horas y en Bolivia, donde la cuestión es más complicada: ellos conquistaron un doble poder territorial, pero, por ahora, limitado al tamaño de su Media Luna y bloqueado por Unasur y el resto del poder social de Bolivia.

Como América latina no es una abstracción, la responsabilidad queda en manos de sus gobiernos concretos y en los movimientos sociales que los sostienen. El asunto es si la dialéctica entre crisis y oportunidad la dejan pasar y se transforma en su contrario. Ya ocurrió en varias oportunidades: una de ellas, el promisorio ciclo transformador de 1969 a 1975. Hoy las condiciones son además de mejores, más sabias en eso de saber lo que no hay que hacer. Entre otras cosas, es una cuestión de tiempo. Ellos tratarán de recomponer la crisis haciéndosela pagar a las clases pobres y a los países débiles. Ya lo hicieron desde finales de los setenta con la más extensa desregulación y liberalización conocida. Casi sin resistencia social por un complejo de derrotas, debilidades orgánicas y rendiciones pactadas. Ahí nace el dilema. El capitalismo ha sobrevivido a más de 20 crisis desde el siglo XIX, aunque varias veces se le ha escapado la liebre, como en 1917, 1948, 1953, 1959, 1999. Es que además de unidos o dominados, el quid será el punto del camino hasta donde seremos capaces de andar. Puesto que el camino ya comenzó.

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