
EL HUMORISMO ORIENTAL,
UNA HISTORIA
UNA HISTORIA
POR ESCRIBIRSE
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Por César di Candia
(SACADO de CONTEXTO)
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El cementerio periodístico está lleno de cadáveres de revistas de humor
No es fácil definir el humorismo. Para algunos consiste en razonar más de lo razonable para así llegar a extremos disparatados
No es fácil entrarle a este engorro del humorismo. Freud, trató de explicarlo en su libro "El chiste y su relación con el inconsciente" hablando de una suerte de triángulo en el que coexisten varias partes: la víctima, el que se burla de la víctima y el que disfruta de esa agresión, porque este testigo se supone a sí mismo libre de todo riesgo. Sin embargo la definición del padre del psicoanálisis parece más un golpe de ingenio que una verdad.
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Por César di Candia
(SACADO de CONTEXTO)
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El cementerio periodístico está lleno de cadáveres de revistas de humor
No es fácil definir el humorismo. Para algunos consiste en razonar más de lo razonable para así llegar a extremos disparatados
No es fácil entrarle a este engorro del humorismo. Freud, trató de explicarlo en su libro "El chiste y su relación con el inconsciente" hablando de una suerte de triángulo en el que coexisten varias partes: la víctima, el que se burla de la víctima y el que disfruta de esa agresión, porque este testigo se supone a sí mismo libre de todo riesgo. Sin embargo la definición del padre del psicoanálisis parece más un golpe de ingenio que una verdad.
El humorismo va mucho más allá y no es desatinado pensar que hay muchos más elementos que lo integran: la fundamental, una visión crítica y frecuentemente reflexiva, sobre la sociedad que lo circunda. Durante 1974 y en plena vigencia del régimen franquista, una editorial española convocó a varios humoristas y escritores de primera línea y les hizo una suerte de encuesta para que trataran de definir el humorismo.
Se trataba de la generación inmediata a la guerra civil y eran profesionales de enorme prestigio como Gila, Perich, Mingote, Chumy Chumez, Forges, Fernando Savater, José María Pemán, Manuel Fraga Iribarne, Gabriel Celaya, Noel Clarasó o Francisco Umbral entre muchos otros. El resultado fue un extenso libro de opiniones sobre el tema que fue llamado ¿Reírse en España? y que tuvo de todo menos un contenido humorístico. De ese fracaso se podría inferir que el humorismo no se puede definir con humor.
El notorio novelista Paco Umbral, dijo que en España no se practicaba la ironía que es la suprema actividad del alma, sino el sarcasmo, porque los españoles todos eran burros solemnes. "En España tenemos la ironía -Cervantes- y el sarcasmo -Quevedo. Los intelectuales suelen ser irónicos, cervantinos en tanto el pueblo suele ser sarcástico, quevedesco".
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