LA ANCIANIDAD NO ES SINONIMNO
DE PERDIDA
DE PERDIDA
DE PRESTIGIO
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Fuente: HAZTEOIR,ES
Fuente: HAZTEOIR,ES
noviembre 29,2008
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La vejez no es un plato de buen gusto para nadie. Los años nos vuelven más inactivos y nuestro cuerpo se debilita, en cambio nuestra actividad intelectual no decrece. La persona mayor puede poner al servicio de la sociedad toda su experiencia y saber que le han dado los años. Es cierto que en la vejez se pierde el ímpetu propio de la juventud, pero ni el pelo blanco ni las arrugas pueden destruir el prestigio de quien ha vivido honradamente en la etapa anterior.
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Un conferenciante toma un billete del más alto valor, lo levanta y pregunta a la concurrencia si alguien lo quiere, todo el mundo levanta la mano, luego lo arruga y lo hace una bolita para volver a preguntar si alguien lo quiere, todos vuelven a levantar la mano, el orador arruga aún más el billete, lo tira al suelo, lo pisotea y lo levanta para de nuevo preguntar si alguien quiere ese billete, volviendo de nuevo a levantar todo el mundo la mano. Y es que independientemente del estado físico del billete, no ha perdido su valor.
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La ancianidad es la tercera etapa de la existencia: la vida que nace, la vida que crece y la vida que llega a su ocaso son tres momentos del misterio de la existencia, de la vida humana que proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. (Evangelium vitae, 39).
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REFLEXIONES SOBRE LA VEJEZ
Por José Javier Yanguas,
Doctor en Psicología biológica y de la salud.
(Sacado de contexto)
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Comprender cómo funcionan las emociones de las personas mayores para poder meterse en su piel e intervenir con ellos desde un punto subjetivo forma parte de la investigación que este donostiarra de 44 años trata en el estudio Las dimensiones subjetivas del envejecimiento. Realizado junto a Daniel Prieto, Cristina Buiza, Igone Etxeberria, Nerea Galdona, Elena Urdaneta y Mari Feli González, este informe de la Fundación Ingema de Donostia, en colaboración con la Obra Social de Caixa Catalunya, ha sido reciente ganador del Premio Imserso Infanta Cristina 2008 al mejor trabajo de investigación social, y es una de las primeras investigaciones acerca de las emociones y su influencia en el bienestar psicológico y físico de los mayores.
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La vejez no es un plato de buen gusto para nadie. Los años nos vuelven más inactivos y nuestro cuerpo se debilita, en cambio nuestra actividad intelectual no decrece. La persona mayor puede poner al servicio de la sociedad toda su experiencia y saber que le han dado los años. Es cierto que en la vejez se pierde el ímpetu propio de la juventud, pero ni el pelo blanco ni las arrugas pueden destruir el prestigio de quien ha vivido honradamente en la etapa anterior.
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Un conferenciante toma un billete del más alto valor, lo levanta y pregunta a la concurrencia si alguien lo quiere, todo el mundo levanta la mano, luego lo arruga y lo hace una bolita para volver a preguntar si alguien lo quiere, todos vuelven a levantar la mano, el orador arruga aún más el billete, lo tira al suelo, lo pisotea y lo levanta para de nuevo preguntar si alguien quiere ese billete, volviendo de nuevo a levantar todo el mundo la mano. Y es que independientemente del estado físico del billete, no ha perdido su valor.
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La ancianidad es la tercera etapa de la existencia: la vida que nace, la vida que crece y la vida que llega a su ocaso son tres momentos del misterio de la existencia, de la vida humana que proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. (Evangelium vitae, 39).
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REFLEXIONES SOBRE LA VEJEZ
Por José Javier Yanguas,
Doctor en Psicología biológica y de la salud.
(Sacado de contexto)
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Comprender cómo funcionan las emociones de las personas mayores para poder meterse en su piel e intervenir con ellos desde un punto subjetivo forma parte de la investigación que este donostiarra de 44 años trata en el estudio Las dimensiones subjetivas del envejecimiento. Realizado junto a Daniel Prieto, Cristina Buiza, Igone Etxeberria, Nerea Galdona, Elena Urdaneta y Mari Feli González, este informe de la Fundación Ingema de Donostia, en colaboración con la Obra Social de Caixa Catalunya, ha sido reciente ganador del Premio Imserso Infanta Cristina 2008 al mejor trabajo de investigación social, y es una de las primeras investigaciones acerca de las emociones y su influencia en el bienestar psicológico y físico de los mayores.
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«Nos interesa el papel que juegan las emociones dentro del proceso de envejecimiento, porque si no conseguimos entender lo que sentimos cuando envejecemos, no logramos entender lo que pasa dentro de los mayores y no podemos intentar mejorar realmente su calidad de vida. Además, las emociones guardan una estrecha relación con la salud física, explica Yanguas.
«Nos interesa el papel que juegan las emociones dentro del proceso de envejecimiento, porque si no conseguimos entender lo que sentimos cuando envejecemos, no logramos entender lo que pasa dentro de los mayores y no podemos intentar mejorar realmente su calidad de vida. Además, las emociones guardan una estrecha relación con la salud física, explica Yanguas.
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Este investigador cuenta que el motivo por el que realizaron un estudio tan singular radica en que, dentro de la rama de la salud, se le ha hecho siempre más caso, desde el punto de vista del envejecimiento, al aspecto cognitivo (la memoria, la orientación, el lenguaje, la toma de decisiones y la planificación) y al comportamiento, y se ha dejado de lado todo lo que tiene que ver con las emociones. «Hemos abandonado las emociones, que son aquello que da color a la vida. Y las hemos abandonado pensando que eran algo subjetivo que no debía involucrarse con la ciencia y la investigación. Pero en la práctica clínica, en el día a día con los mayores, nos dimos cuenta de que sus emociones -la alegría la tristeza, la sensación de bienestar, el enfado...- son lo que da tono y color a sus vidas».
Este investigador cuenta que el motivo por el que realizaron un estudio tan singular radica en que, dentro de la rama de la salud, se le ha hecho siempre más caso, desde el punto de vista del envejecimiento, al aspecto cognitivo (la memoria, la orientación, el lenguaje, la toma de decisiones y la planificación) y al comportamiento, y se ha dejado de lado todo lo que tiene que ver con las emociones. «Hemos abandonado las emociones, que son aquello que da color a la vida. Y las hemos abandonado pensando que eran algo subjetivo que no debía involucrarse con la ciencia y la investigación. Pero en la práctica clínica, en el día a día con los mayores, nos dimos cuenta de que sus emociones -la alegría la tristeza, la sensación de bienestar, el enfado...- son lo que da tono y color a sus vidas».
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