martes, 3 de marzo de 2009

EL MUNDO EN QUE ANDAMOS...


UNA POLÍTICA FINANCIERA
DE LA DESESPERACIÓN


FUENTE: TRIBUNA HISPANA N.Y.
LUNES 30 de MARZO de 2009

Por Paúl Krugman (*)
25 de marzo de 2009

El pasado fin de semana The (New York) Times y otros periódicos reportaron algunos detalles acerca del nuevo plan de rescate bancario del gobierno de Obama, que luego fue anunciado oficialmente esta semana. Si los informes son correctos, Tim Geithner, el Secretario del Tesoro, ha persuadido al Presidente Obama de reciclar la política del gobierno de Bush – específicamente, el plan de "dinero en efectivo por basura", y luego abandonado, propuesto hace seis meses por el entonces Secretario del Tesoro Henry Paulson. Esto es más que una decepción. De hecho, me llena de un sentido de desesperación.

Después de todo, apenas hemos pasado a través de la tormenta de fuego sobre los bonos A.I.G., durante la cual oficiales del gobierno afirmaron que ellos no sabían nada, que no podrían hacer nada, y que era la falla de alguien más. Entretanto, el gobierno ha fallado en disipar las dudas del público acerca de lo que los bancos están haciendo con el dinero del contribuyente. Y ahora Obama aparentemente ha quedado de acuerdo con un plan financiero que, en esencia, asume que los bancos son fundamentalmente atinados y que los banqueros saben lo que están haciendo.

Esto es como si el presidente está determinado a confirma la percepción creciente de que él y su equipo económico están fuera del sentido de la realidad, que su visión económica es anubarrada por sus lazos excesivamente cercanos a Wall Street. Y cuando con el tiempo el Sr. Obama se dé cuenta de que necesita cambiar de rumbo, su capital político puede estar agotado. Hablemos por un momento sobre la economía de la situación.

Ahora mismo, nuestra economía está siendo arrastrada hacia el abismo por nuestro disfuncional sistema financiero, que ha sido golpeado con enormes pérdidas en seguridades respaldadas por hipotecas y otros activos. Como los historiadores económicos le pueden decir a usted, ésta es una vieja historia, no diferente de docenas de crisis similares en los últimos dos siglos. Y hay un procedimiento avalado por el tiempo para ocuparse de la secuela del fracaso financiero. Va como sigue: El gobierno asegura la confianza en el sistema garantizando muchas (aunque no necesariamente todas) las deudas de los bancos. Al mismo tiempo, toma control temporal de los bancos verdaderamente insolventes, para limpiar sus malas cuentas. Eso es lo que hizo Suecia a inicios de los 1990s. Es también lo que nosotros mismos hicimos después de la debacle de los ahorros y préstamos en los años de Reagan. Y no hay razón que no podemos hacer lo mismo ahora.

Pero el gobierno de Obama, como el gobierno de Bush, aparentemente quiere una salida más fácil. El elemento común entre los planes de Paulson y Geithner es la insistencia de que los malos activos en los libros bancarios realmente valen mucho, mucho más de lo que alguien actualmente llega a pagar por ellos. De hecho, su valor verdadero es tan alto que si fueron correctamente valorados, los bancos no estarían en problemas. Y así es que el plan es usar a los contribuyentes para financiarlos y hacer subir los precios de los malos activos a niveles "justos". El Sr. Paulson propuso que el gobierno comprara los activos directamente. El Sr. Geithner, en lugar de eso, propone un esquema complicado en el cual el gobierno presta dinero a inversionistas exclusivos, quienes luego usan el dinero para comprar los "activos basura". La idea, dice el principal asesor económico de Obama, es usar "la experticia del mercado" para establecer el valor de activos tóxicos.

Pero el esquema de Geithner ofrece un incentivo extra solo para los inversionistas: Si los valores de los activos aumentan, los inversionistas se benefician, pero si bajan, los inversionistas pueden alejarse de su deuda. Realmente, esto no es dejar que el mercado haga el trabajo. Es simplemente una forma indirecta, disfrazada, de subsidiar las compras de malos activos. Al margen del probable costo para los contribuyentes, aquí hay algo extraño. Por mi cuenta, ésta es la tercera vez que el gobierno de Obama deja flotar un esquema que es, esencialmente, un producto reprocesado del plan Paulson, sumando cada vez más nuevos adornos extravagantes y afirmando que están haciendo algo completamente diferente. Esto comienza a verse obsesivo.

Pero el problema real con este plan es que no surtirá efecto. Sí, los activos tóxicos pueden estar algo subvalorados. Pero la realidad es que los ejecutivos financieros literalmente apostaron sus bancos en la creencia de que no habría una burbuja de la vivienda, y que los niveles sin precedentes de la deuda de las familias no era ningún problema. Perdieron esa apuesta. Y ninguna fórmula mágica financiera – pues a eso suena el plan Geithner– cambiará ese hecho. Usted podría decir, ¿por qué no intentamos el plan y veamos qué ocurre? Una respuesta es que se está derrochando el tiempo: cada mes que dejamos de enfrentarnos a la crisis económica son otros 600,000 trabajos perdidos.

Aun más importante, sin embargo, es la forma en que el Sr. Obama malgasta su credibilidad. Si este plan fracasa –como casi seguramente lo hará – es poco probable que él pueda persuadir al Congreso a sacar de entre las manos más fondos para hacer lo que él debería haber hecho en primer lugar. Todo no está perdido: El público quiere que el Sr. Obama tenga éxito, lo cual quiere decir que él todavía puede rescatar su plan de rescate bancario. Pero el tiempo se acaba.

Original en inglés: http://www.nytimes.com/2009/03/23/opinion/23krugman.html?_r=1&ref=opinion
Traducción: A. Mondragón

(*)Paúl Robin Krugman (
1953) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. Profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Tiene una columna en New York Times En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía.[1]Es fuerte crítico de las políticas económicas y generales de la administración de George W. Bush. Ha escrito más de 200 artículos y 21 libros -alguno de ellos académicos, y otros de divulgación-. Su Economía Internacional: La teoría y política es un libro de textos estándar en la economía internacional. En 1991 la American Economic Association le concedió la prestigiosa medalla John Bates Clark. Ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2004 (Wikipedia)

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