jueves, 2 de abril de 2009

LA VEJEZ... UN TIEMPO DE VIDA


HABLEMOS DE
LA ESPERANZA

Escribe
GONZALO
CANAL RAMÍREZ (*)

Sea amigo. Tenga amigos. Su vida de relación los necesita. Pero tampoco espere mucho de ellos. Como sus hijos. Como usted mismo, están ocupados en poder vivir. La amistad tiene un valor en sí misma, independiente de sus consecuencias. Seleccione sus amigos y consérvelos. No solamente “los viejos amigos”... también amigos jóvenes. Ya hemos visto: los jóvenes lo rejuvenecen, y eso es la esperanza. La diferencia de edades no es óbice para la amistad, como no lo es para el amor.

El amor es por si mismo una esperanza. Es la esperanza de esa pareja de ancianos cogidos de la mano. Y no odie. El odio como la tristeza le perjudica más que las otras pasiones. Para evitar el odio perdone. En la vejez se ha de perdonar más, porque se conoce más las flaquezas humanas. Por razones obvias debe ser más benevolente. Olvide y deje a sus enemigos entregados a su propia suerte. No les haga juego. La indiferencia es buena defensa. El odio es la antiesperanza. Por algo Dante anunció con ella la puerta oscura del infierno: “Dejad toda esperanza, oh vosotros que entráis”

Nos es dable esperar. Tenemos siempre un mañana, del cual esperar, si comenzamos a prepararlo hoy, si pensamos en quienes dentro y fuera de nosotros, de una manera u otra, obran por y para nosotros. El trabajo es, a cualquier escala, una creación o una concreación. Pero esperar ayudándonos para realizar la esperanza. Pero las esperanzas para fomentar son las esperanzas serias, las que no nos defraudan. No abriguemos esperanzas frustrantes. La frustración es grave en usted.

No espere de la gratitud humana. Los seres humanos no son dechados de gratitud. Haga el bien a quien pueda –sin mirar a quien– pero no aguarde el reconocimiento. Espere si en la justicia inmanente de la naturaleza. La retribución vendrá. Muchas veces de quien usted menos aguarda. Lo importante es hacer el bien. La gratificación va implícita en la obra buena. Y tarde o temprano viene de algo o de alguien. Eso es una ley infalible.

No espere la alabanza, ni se deje abatir por el reproche. Sea usted mismo lo que es, con seguridad. Esa seguridad es un buen bastón para su vejez. Kempis tenía razón “Ni por mucho que te alaben, ni por mucho que te vituperen, serás mejor o peor de lo que eres”.Y en el ser está la esperanza. Algunos viejos “preteristas” suelen anclarse en determinada época de su vida pasada, la mejor, y allí paralizan su historia y la del mundo.

“Cuando yo era”... en mis tiempos de...” Esa reversión los envejece y su repetida alusión incomoda a los demás. No Abra los ojos a cuanto le circunda hoy, tenga autocrítica, viva hacia delante, afiáncese en su presente, no desperdicie las ventajas de hoy por el melancólico recuerdo del ayer. Venere y respete sus recuerdos –son usted– pero no se obsesione con ellos. Ellos no son su única vida. Fueron una parte de su vida. La vida es también “discurrir”. Y eso ya recurrió. Estar en contacto con nuestro día a día y con la juventud es renovarse. Es muy bueno saber historia, pero es indispensable conocer la realidad cotidiana de nuestro mundo.
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(*) Gonzalo Canal Ramírez, es un reconocido especialista en temas de la Tercera Edad. De origen colombiano, esta radicado en España. Estos textos son del libro “ENVEJECER NO ES DETERIORARSE” que ha merecido innumerables ediciones y traducciones desde 1980, año de su aparición en España.

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