lunes, 6 de julio de 2009

PENSADORES DE ESTE TIEMPO

NOTA TRES
La falta de ruptura en la acumulación durante un período tan largo no es algo secundario. Fa­cilitó considerablemente el trabajo del capital «para apropiarse de la praxis social en toda su extensión y toda su profundidad» y forjar como dice Alain Bihr, a nivel ahora verdaderamente mundial, «un tipo de sociedad global profun­damente marcado por el dominio del capital, mucho más allá de la esfera puramente econó­mica. Es en esta sociedad en la que cualquier eventual crisis de sobreproducción mundial es­tallará, tomando a la mayor parte de sus com­ponentes sociales, es decir los asalariados, en un estado de total falta de preparación «subjetiva» y por tanto política.
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Una de las principales consecuencias y ma­nifestaciones de «la acumulación sin ruptura» es por supuesto el nivel alcanzado y los mecanis­mos engendrados por la acumulación de capital de préstamo a interés, que se valoriza exterior­mente a la producción de valor y plusvalor, sin salir de la esfera de los mercados financieros. La fuerza económica y social del capital de in­versión financiera es consecuencia directa de la duradera falta de ruptura en la acumulación. No hay que olvidar que una de las primeras causas de la reaparición de este tipo de capital a fin de los años 1960 fue el aumento de las ganancias no reinvertidas en la producción directa de valor y plusvalor.
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Era preciso que tales capitales no que­daran «ociosos» y fue necesario abrirles posibi­lidades de valorización como capital de présta­mo. Fue la función jugada transitoriamente por el mercado de eurodólares en offshore en la City, hasta que la liberalización financiera orquesta­da desde Washington sentara las bases de los mercados de activos planetarios. Las otras dos grandes fuentes de acumulación de un capital que viene a compartir la plusvalía mantenién­dose fuera de la producción han sido (y siguen siendo) la renta basada en las fuentes de energía o de materias primas, con la renta petrolera a la cabeza, y los fondos acumulados en títulos de los sistemas de jubilación privada.
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Mientras más im­portante pasó a ser la concentración del capital de préstamo a interés, especialmente en los Estados Unidos, más crucial pasó a ser garanti­zarle condiciones que le permitiesen concretar su pretensión de compartir la plusvalía, cuya masa debería estar en constante aumento. Una política monetaria consistente en tasas de interés bajas e inyecciones de liquidez ante cada sobresalto fi­nanciero pasó a ser el principal sino el único ins­trumento de política macroeconómica.
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III. LA NUEVA CONFIGURACIÓN
DE LA DO­MINACIÓN MUNDIAL DEL CAPITAL
Y SUS CONTRADICCIONES
El segundo gran factor en el que es preciso detenerse, son los cambios en la configuración geo–económica de la dominación del capital, co­menzando por la identidad de los países y los sitios precisos donde se efectúan la acumula­ción del capital productivo y la extracción del plus–valor. Comentando el debate sobre el «in­tercambio desigual», Louis Gill sostenía no hace mucho tiempo (su libro es de 1996) que
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“Para que exista transferencia de plus–valor me­diante el cambio, es preciso primero que exista pro­ducción de plus–valor. Pero la masa de plus–valor producida en los países subdesarrollados es débil porque su productividad es débil. La fuente principal de la acumulación a escala mundial se encuentra allí donde la productividad es más elevada, en los países capitalistas industrializados y no en los países sub­desarrollados.”
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Ya no es así. Por supuesto, siguen siendo los países capitalistas avanzados (y sobre todo los Estados Unidos) los lugares en donde la tasa de plusvalía, entendida como diferencia entre el tiempo de trabajo necesario para la reproduc­ción de la fuerza de trabajo y el tiempo efectiva­mente trabajado, es la más elevada del mundo. La productividad del trabajo es muy alta y el tiempo de trabajo necesario muy bajo, y una de las razones de esto es la importación masiva de muy baratos «bienes salarios» (los que entran en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo). Pero si consideramos el cuadro en términos de masa y no de tasa, la mayor parte de la plusvalía que permite la reproducción del capital ahora proviene de Asia y sobre todo de China.
.Lo que ha cambiado en poco más de una década en estos países y los ha hecho tan atrac­tivos al capital extranjero es lo que Marx de­nominaba en las indagaciones expuestas en el primer tomo del El capital «el precio propor­cional del trabajo», refiriéndose a su precio en comparación con la plusvalía o con el valor de lo producido. En Asia, el precio proporcional del trabajo bajó, a medida que al efecto de la dura­ción y la intensidad del trabajo se le sumó el del aumento de la productividad por la moderni­zación del equipamiento, lo que fue estimulado y parcialmente asegurado por la presencia de grupos industriales extranjeros, pero también por inversiones autónomas.
CONTINÚA EN NOTA CUATRO

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