
EL MUNDO NO ES
UNA MERCANCÍA
Diari Sabadell –
Catalunya–España
Entrevista a
Entrevista a
Josep María Antentas (*)
Por Víctor Colomer
Profesor de sociología a la UAB
(*)Militante de Revolta Global-Izquierda Anticapitalista y activista en varios movimientos «antiglobalización», es co-autor del libro Resistencias globales de Seattle a la crisis de Wall Street. La otra co-autora es Esther Vivas.
¿Si la justicia, la solidaridad o vuestro propio movimiento tienden a ser globales, por qué os llamáis «antiglobalización»?
–Efectivamente es un término equívoco. También se llama altermundialismo que ya es más positivo.
¿Qué quiere decir que el libro hace un recorrido por la «geopolítica de las resistencias»?
–Es el itinerario por el planeta de las diversas movilizaciones: Seattle, Oporto Alegre, Barcelona, Niza, Praga, Florencia...
Movimientos que surgen siempre como reacción a reuniones, cumbres económicas o políticas: G-20, G-8, Banco Mundial, Davos...
–La idea es ir a los centros de poder dónde se toman las decisiones que nos afectarán a todos. Cada vez más tenemos agenda propia.
Pero nunca os escuchan. Siempre hay un cordón policial entre vosotros y ellos.
–Son dos lógicas diferentes: una defensa el poder de una minoría y la otra los bienes comunes y la solidaridad.
¿Se ha conseguido nunca algo concreto?
–El balance de los diez años es contradictorio. Hemos tenido éxito al desautorizar y deslegitimar las políticas neoliberales, pero se han conseguido muy pocas victorias.
¿Qué perseguíais?
–Reducir el poder de las finanzas, eliminar paraísos fiscales, perdonar la deuda externa a los países del sur, reforzar los pequeños campesinos... ya se habla de todo, pero nada ha cambiado.
Sarkozy pide una reforma del capitalismo.
–Con la crisis se ha acelerado tanto la desautorización del sistema que los propios gobernantes se ven obligados a reconocer que algo no funciona.
¿Pura retórica?
–Sí porque sólo se habla de cambios cosméticos en el sistema. Hemos conseguido deslegitimar como nunca el sistema económico. Pero nada más.
¿Hay una alternativa al capitalismo más justa?
–El movimiento antiglobalización propone planes para hacer más democráticas las instituciones internacionales.
¿Propuestas concretas?
–El impuesto Tobin, por ejemplo, impediría el movimiento especulativo de capitales. De ideas hay muchas.
¿Solidaridad contra enriquecimiento?
–Todo se resume en un concepto: el mundo no es una mercancía.
A los grandes ejecutivos esto los suena a pura tontería de cuatro alocados.
¿Todavía estáis a años luz las dos visiones el mundo?
–Sí porque se defienden intereses contrapuestos. Son lógicas irreconciliables. Nuestro movimiento desgasta las políticas, pero todavía es débil para cambiarlas.
¿Saben los amos del mundo que sus decisiones son injustas?
–Sí, perfectamente. No pueden alegar ignorancia porque las consecuencias de la política neoliberal ya hace años que son evidentes.
¿A qué se refiere?
–Las condiciones de vida en, por ejemplo, América Latina, se han hundido. A los años 80 se los recuerda como «la década perdida» y en los 90 se repitió la fórmula.
Pues duermen muy tranquilos.
–Claro, favorecen sus intereses, los del gran capital y las multinacionales.
¿La actual aceptación del cambio climático demuestra que, a la larga, algunos movimientos populares acaban siendo asumidos por los políticos?
–A veces llega un punto en qué los políticos ya no pueden seguir negando evidencias y no tienen mas remedio que asumirlo. Pero cuidado porque entonces sólo adoptan medidas muy superficiales.
¿A los poderes económicos no hay manera de influenciarlos?
–Es que el mismo poder económico no debería tener tanta influencia en la sociedad. Los políticos son sus títeres.
¿El capitalismo es antidemocrático por definición?
–Causan mal.
Por Víctor Colomer
Profesor de sociología a la UAB
(*)Militante de Revolta Global-Izquierda Anticapitalista y activista en varios movimientos «antiglobalización», es co-autor del libro Resistencias globales de Seattle a la crisis de Wall Street. La otra co-autora es Esther Vivas.
¿Si la justicia, la solidaridad o vuestro propio movimiento tienden a ser globales, por qué os llamáis «antiglobalización»?
–Efectivamente es un término equívoco. También se llama altermundialismo que ya es más positivo.
¿Qué quiere decir que el libro hace un recorrido por la «geopolítica de las resistencias»?
–Es el itinerario por el planeta de las diversas movilizaciones: Seattle, Oporto Alegre, Barcelona, Niza, Praga, Florencia...
Movimientos que surgen siempre como reacción a reuniones, cumbres económicas o políticas: G-20, G-8, Banco Mundial, Davos...
–La idea es ir a los centros de poder dónde se toman las decisiones que nos afectarán a todos. Cada vez más tenemos agenda propia.
Pero nunca os escuchan. Siempre hay un cordón policial entre vosotros y ellos.
–Son dos lógicas diferentes: una defensa el poder de una minoría y la otra los bienes comunes y la solidaridad.
¿Se ha conseguido nunca algo concreto?
–El balance de los diez años es contradictorio. Hemos tenido éxito al desautorizar y deslegitimar las políticas neoliberales, pero se han conseguido muy pocas victorias.
¿Qué perseguíais?
–Reducir el poder de las finanzas, eliminar paraísos fiscales, perdonar la deuda externa a los países del sur, reforzar los pequeños campesinos... ya se habla de todo, pero nada ha cambiado.
Sarkozy pide una reforma del capitalismo.
–Con la crisis se ha acelerado tanto la desautorización del sistema que los propios gobernantes se ven obligados a reconocer que algo no funciona.
¿Pura retórica?
–Sí porque sólo se habla de cambios cosméticos en el sistema. Hemos conseguido deslegitimar como nunca el sistema económico. Pero nada más.
¿Hay una alternativa al capitalismo más justa?
–El movimiento antiglobalización propone planes para hacer más democráticas las instituciones internacionales.
¿Propuestas concretas?
–El impuesto Tobin, por ejemplo, impediría el movimiento especulativo de capitales. De ideas hay muchas.
¿Solidaridad contra enriquecimiento?
–Todo se resume en un concepto: el mundo no es una mercancía.
A los grandes ejecutivos esto los suena a pura tontería de cuatro alocados.
¿Todavía estáis a años luz las dos visiones el mundo?
–Sí porque se defienden intereses contrapuestos. Son lógicas irreconciliables. Nuestro movimiento desgasta las políticas, pero todavía es débil para cambiarlas.
¿Saben los amos del mundo que sus decisiones son injustas?
–Sí, perfectamente. No pueden alegar ignorancia porque las consecuencias de la política neoliberal ya hace años que son evidentes.
¿A qué se refiere?
–Las condiciones de vida en, por ejemplo, América Latina, se han hundido. A los años 80 se los recuerda como «la década perdida» y en los 90 se repitió la fórmula.
Pues duermen muy tranquilos.
–Claro, favorecen sus intereses, los del gran capital y las multinacionales.
¿La actual aceptación del cambio climático demuestra que, a la larga, algunos movimientos populares acaban siendo asumidos por los políticos?
–A veces llega un punto en qué los políticos ya no pueden seguir negando evidencias y no tienen mas remedio que asumirlo. Pero cuidado porque entonces sólo adoptan medidas muy superficiales.
¿A los poderes económicos no hay manera de influenciarlos?
–Es que el mismo poder económico no debería tener tanta influencia en la sociedad. Los políticos son sus títeres.
¿El capitalismo es antidemocrático por definición?
–Causan mal.
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