
PERDER LA CABEZA
COMENTANDO A
PAUL KRUGMAN (*)
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PAUL KRUGMAN (*)
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Blog REFUGIO LIBERAL
Ricardo Valenzuela (foto)
Ricardo Valenzuela (foto)
http://reflexioneslibertarias.blogspot.com/
15 de Junio de 2010
Paul Krugman es uno de los economistas más famosos del mundo. No tanto por sus aportaciones a la teoría económica, que han sido relevantes, sino por sus opiniones periodísticas. Por eso mismo celebramos aquí que se le hubiera otorgado el premio Nobel, que en parte merecía por las aportaciones mencionadas, pero también en parte por su trabajo como periodista económico.
Sin embargo, desde la entrega del Nobel Krugman parece haber sufrido una transformación que lo aleja de su autodefinición “la conciencia de un liberal” y lo encamina al papel de sumo sacerdote de la antiglobalización. A pesar de que la palabra “liberal” en Estados Unidos significa lo contrario del resto del mundo, Krugman parece estarla redefiniendo ya no para referirse a la socialdemocracia, sino para implicar un efectivo antiliberalismo socialista.
La orientación ideológica del profesor Krugman es asunto suyo, sin duda, y puede elegir la que guste. Pero es conveniente que quienes no lo leen con frecuencia estén enterados del viraje que ha sufrido, para no confundir al socialdemócrata de hace unos años con el gurú globalifóbico de hoy. Un buen ejemplo es su post en “conciencia de un liberal” la semana pasada en el que critica a Raghuram Rajan, a Kenneth Rogoff y a Jeffrey Sachs por pedir una política fiscal sana en estos momentos.

Raghuram Rajan es un economista del Tecnológico de Massachussets (MIT), hoy profesor de la escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, y que saltó a la fama (al menos en Estados Unidos y en el mundo financiero) por el discurso que pronunció en una comida en honor de Alan Greenspan poco antes de que éste se retirara de la Reserva Federal. En ese discurso, Rajan argumentó que el sistema financiero mundial había hecho al mundo más riesgoso, y que le preocupaba la posibilidad de que no hubiese liquidez en caso de que esos riesgos se convirtieran en un hecho. Lo que efectivamente ocurrió dos años después.
Kenneth Rogoff, también economista del MIT y actualmente profesor en Harvard, es un experto en economía internacional, y fue el economista en jefe del FMI entre 2001 y 2003 (por cierto, su sucesor fue Rajan, de 2003 a 2006). Recientemente, Rogoff publicó, junto con Carmen Reinhart, un libro que ya comentamos aquí, “This time is different”, en el que analizan con detalle varios siglos de crisis económicas, confirmando lo que desde hace tiempo sabemos: las burbujas tienen su origen en excesos monetarios.
Finalmente Jeffrey Sachs es economista de Harvard, en donde trabajó por un buen rato, y ahora está en Columbia. Se ha hecho famoso recientemente por sus libros contra la pobreza, aunque sus primeros trabajos desacreditan su esfuerzo actual. Fue el asesor del gobierno boliviano en 1985, cuando eliminó la hiperinflación de ese país junto con toda su economía, y repitió la dosis en Rusia en 1991. Uno pensaría que después de haber producido tanta pobreza, alguna buena idea tendría para acabar con ella, pero no es así, como lo ha mostrado Bill Easterly, que en este tema tiene mucho más que decir.
El problema con Krugman no es que critique a estos tres personajes, sino la forma en que lo hace. Usando la recurrida falacia de la autoridad, decide citar a Keynes como argumento en contra de los tres economistas mencionados, recordando que Keynes escribía “acerca del atractivo peculiar de la economía clásica aún en un mundo en el que ésta había fallado manifiestamente”.
La falla de la economía clásica, tanto en 1929 como en 2009, no creo que sea siquiera aceptada de forma unánime, mucho menos de forma manifiesta. Si a lo que Krugman se refiere es a que el exceso de dinero fácil provoca burbujas, y que cuando éstas se revientan hay recesiones, no creo que haya duda, pero eso no tiene nada que ver con la economía clásica.
Peor aún, Krugman sostiene que “lo sorprendente de los tres casos que he citado es que se trata de economistas muy calificados—es decir, personas que han dedicado sus vidas a argumentar en términos de modelos cuidadosamente desarrollados—sosteniendo argumentos que no tienen respaldo en ningún modelo que yo pueda ver”.
Ah, caray. Los tres economistas que con tanta facilidad desprecia Krugman lo único que están pidiendo es el regreso a una política fiscal sana en Estados Unidos. Y lo que piden tiene detrás un modelo muy sencillo. Tanto, que no es posible entender a Krugman como economista, sino como pontífice de su propio culto. O ¿por qué no puede ver el modelo? El argumento detrás de los tres economistas es tan simple como que Estados Unidos no puede sostener un déficit fiscal del tamaño actual por mucho tiempo, porque su deuda no se lo permite.
Tal vez lo que Krugman no tiene claro es que el gasto del gobierno es flexible al alza y rígido a la baja, un poco como los salarios y precios keynesianos, de forma que si bien es muy fácil incrementar el déficit, es tremendamente difícil reducirlo. Ben Bernanke, actual director de la Fed, afortunadamente sí lo entiende, como refiere Evan Newmark en el Wall Street Journal. En palabras de Bernanke: “Si ustedes (Congreso) deciden otorgar más estímulos fiscales, sería muy útil que lo combinaran con un plan para una estrategia fiscal de salida”, es decir, cómo piensan después retirar los gastos e incrementar los impuestos.
Pero eso, hoy mismo, nadie lo sabe ni siquiera en referencia al estímulo ya utilizado. Mucho menos si se quisiera mantener por algunos años más.
Lo que Krugman, como otros economistas, sostiene es que la recesión debe eliminarse a golpe de gasto de gobierno. Como sabemos los que hemos vivido eso, el resultado no es otro que el despilfarro y el desorden, que tarde o temprano se convierte en otra crisis. Pero lo que dice Krugman es políticamente correcto, porque parece bueno: recuperarnos hoy a costa de la próxima generación. Pero con los niveles de deuda actuales, no va a ser otra generación la que pague, sino ésta.
En México, Krugman tiene legión de seguidores, porque sus opiniones son cada vez más coincidentes con la forma en que administramos nuestra economía por varias décadas. El fracaso de esa política sigue siendo negado por quienes participaron en ella y por sus seguidores, que sostienen, contra viento y marea, que lo que ha acabado con México es el neoliberalismo. Y, como Krugman, ven fallas manifiestas que los demás no podemos ver. Tal vez sea porque sólo ven una parte de los datos… la que les conviene.
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(*)PAUL ROBIN KRUGMAN (1953) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. Actualmente es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times y, también, para el periódico peruano Gestión y el colombiano El Espectador. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía.Ha escrito más de 200 artículos y 21 libros -alguno de ellos académicos
15 de Junio de 2010
Paul Krugman es uno de los economistas más famosos del mundo. No tanto por sus aportaciones a la teoría económica, que han sido relevantes, sino por sus opiniones periodísticas. Por eso mismo celebramos aquí que se le hubiera otorgado el premio Nobel, que en parte merecía por las aportaciones mencionadas, pero también en parte por su trabajo como periodista económico.
Sin embargo, desde la entrega del Nobel Krugman parece haber sufrido una transformación que lo aleja de su autodefinición “la conciencia de un liberal” y lo encamina al papel de sumo sacerdote de la antiglobalización. A pesar de que la palabra “liberal” en Estados Unidos significa lo contrario del resto del mundo, Krugman parece estarla redefiniendo ya no para referirse a la socialdemocracia, sino para implicar un efectivo antiliberalismo socialista.
La orientación ideológica del profesor Krugman es asunto suyo, sin duda, y puede elegir la que guste. Pero es conveniente que quienes no lo leen con frecuencia estén enterados del viraje que ha sufrido, para no confundir al socialdemócrata de hace unos años con el gurú globalifóbico de hoy. Un buen ejemplo es su post en “conciencia de un liberal” la semana pasada en el que critica a Raghuram Rajan, a Kenneth Rogoff y a Jeffrey Sachs por pedir una política fiscal sana en estos momentos.

Raghuram Rajan es un economista del Tecnológico de Massachussets (MIT), hoy profesor de la escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, y que saltó a la fama (al menos en Estados Unidos y en el mundo financiero) por el discurso que pronunció en una comida en honor de Alan Greenspan poco antes de que éste se retirara de la Reserva Federal. En ese discurso, Rajan argumentó que el sistema financiero mundial había hecho al mundo más riesgoso, y que le preocupaba la posibilidad de que no hubiese liquidez en caso de que esos riesgos se convirtieran en un hecho. Lo que efectivamente ocurrió dos años después.
Kenneth Rogoff, también economista del MIT y actualmente profesor en Harvard, es un experto en economía internacional, y fue el economista en jefe del FMI entre 2001 y 2003 (por cierto, su sucesor fue Rajan, de 2003 a 2006). Recientemente, Rogoff publicó, junto con Carmen Reinhart, un libro que ya comentamos aquí, “This time is different”, en el que analizan con detalle varios siglos de crisis económicas, confirmando lo que desde hace tiempo sabemos: las burbujas tienen su origen en excesos monetarios.
Finalmente Jeffrey Sachs es economista de Harvard, en donde trabajó por un buen rato, y ahora está en Columbia. Se ha hecho famoso recientemente por sus libros contra la pobreza, aunque sus primeros trabajos desacreditan su esfuerzo actual. Fue el asesor del gobierno boliviano en 1985, cuando eliminó la hiperinflación de ese país junto con toda su economía, y repitió la dosis en Rusia en 1991. Uno pensaría que después de haber producido tanta pobreza, alguna buena idea tendría para acabar con ella, pero no es así, como lo ha mostrado Bill Easterly, que en este tema tiene mucho más que decir.
El problema con Krugman no es que critique a estos tres personajes, sino la forma en que lo hace. Usando la recurrida falacia de la autoridad, decide citar a Keynes como argumento en contra de los tres economistas mencionados, recordando que Keynes escribía “acerca del atractivo peculiar de la economía clásica aún en un mundo en el que ésta había fallado manifiestamente”.
La falla de la economía clásica, tanto en 1929 como en 2009, no creo que sea siquiera aceptada de forma unánime, mucho menos de forma manifiesta. Si a lo que Krugman se refiere es a que el exceso de dinero fácil provoca burbujas, y que cuando éstas se revientan hay recesiones, no creo que haya duda, pero eso no tiene nada que ver con la economía clásica.
Peor aún, Krugman sostiene que “lo sorprendente de los tres casos que he citado es que se trata de economistas muy calificados—es decir, personas que han dedicado sus vidas a argumentar en términos de modelos cuidadosamente desarrollados—sosteniendo argumentos que no tienen respaldo en ningún modelo que yo pueda ver”.
Ah, caray. Los tres economistas que con tanta facilidad desprecia Krugman lo único que están pidiendo es el regreso a una política fiscal sana en Estados Unidos. Y lo que piden tiene detrás un modelo muy sencillo. Tanto, que no es posible entender a Krugman como economista, sino como pontífice de su propio culto. O ¿por qué no puede ver el modelo? El argumento detrás de los tres economistas es tan simple como que Estados Unidos no puede sostener un déficit fiscal del tamaño actual por mucho tiempo, porque su deuda no se lo permite.
Tal vez lo que Krugman no tiene claro es que el gasto del gobierno es flexible al alza y rígido a la baja, un poco como los salarios y precios keynesianos, de forma que si bien es muy fácil incrementar el déficit, es tremendamente difícil reducirlo. Ben Bernanke, actual director de la Fed, afortunadamente sí lo entiende, como refiere Evan Newmark en el Wall Street Journal. En palabras de Bernanke: “Si ustedes (Congreso) deciden otorgar más estímulos fiscales, sería muy útil que lo combinaran con un plan para una estrategia fiscal de salida”, es decir, cómo piensan después retirar los gastos e incrementar los impuestos.
Pero eso, hoy mismo, nadie lo sabe ni siquiera en referencia al estímulo ya utilizado. Mucho menos si se quisiera mantener por algunos años más.
Lo que Krugman, como otros economistas, sostiene es que la recesión debe eliminarse a golpe de gasto de gobierno. Como sabemos los que hemos vivido eso, el resultado no es otro que el despilfarro y el desorden, que tarde o temprano se convierte en otra crisis. Pero lo que dice Krugman es políticamente correcto, porque parece bueno: recuperarnos hoy a costa de la próxima generación. Pero con los niveles de deuda actuales, no va a ser otra generación la que pague, sino ésta.
En México, Krugman tiene legión de seguidores, porque sus opiniones son cada vez más coincidentes con la forma en que administramos nuestra economía por varias décadas. El fracaso de esa política sigue siendo negado por quienes participaron en ella y por sus seguidores, que sostienen, contra viento y marea, que lo que ha acabado con México es el neoliberalismo. Y, como Krugman, ven fallas manifiestas que los demás no podemos ver. Tal vez sea porque sólo ven una parte de los datos… la que les conviene.
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(*)PAUL ROBIN KRUGMAN (1953) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. Actualmente es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times y, también, para el periódico peruano Gestión y el colombiano El Espectador. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía.Ha escrito más de 200 artículos y 21 libros -alguno de ellos académicos
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