martes, 17 de agosto de 2010

DE ALGUNAS CAMPAÑAS ELECTORALES...


SONRÍE...
MAÑANA SERÁ PEOR

Escribe
FÉLIX DUARTE

Publicado en “Equinox”
5 de Octubre de 2004

Tomamos una ley de Murphy como título, dudando entre esta o la que dice “la repetición no establece la verdad”. Las relacionamos con esta campaña de mensajes en los medios, que se ha desatado apenas el reloj marcó el primer segundo de ese tiempo previsto para la nueva Feria de Ilusiones, que vuelve a plantear un futuro venturoso, que cada uno de los protagonistas entiende que es el indicado para lograrlo.
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Detrás de cada mensaje está ese detenido trabajo de profesionales. Que se dice y como y para quien. La expresión, vestimenta, gestos, el entorno. Y cada aviso, como parte del todo que es la campaña y el objetivo en sus diferentes frentes. Sean los medios, la calle, actos y en suma el mensaje a comunicar... y una millonada de plata destinada a vender el candidato de última generación.
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La idea fuerza –como se estila decir ahora– en algún caso es ofrecer “lo nuevo”, afirmando que son “nuevos” los postulantes, como modo de lograr algo “nuevo” en el objetivo buscado, o sea en el país que también va a ser un “país nuevo”. Pero cuando vemos rostros y nombres percibimos notorias “figuritas” conocidas. Sin ofender a nadie, eso viene a ser casi como la broma ideal para un 28 de diciembre.
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Esta de la política es una profesión muy particular (profesión, negocio, “curro” o lo que sea) ya que como cualquier otra, sale al mercado buscando clientes. Sin embargo no muestra un producto ni presenta currículum o historial, para que el potencial interesado vea, compare y decida. Se diferencia en un aspecto que resulta central y de fondo en el objetivo buscado. Lo que ofrece en el mercado, son promesas.
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Y con esa premisa, para tener éxito se debe metamorfosear. Es donde interviene la promoción, recurriendo a técnicas que se hallan muy avanzadas en una sociedad consumista como esta, que necesita imponer una compra, fabricando la necesidad apropiada. La política precisa al cliente como la enfermedad al remedio, en esta cultura que tiene al shopping como suprema catedral de una religión.
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Si atendemos estos primeros avisos que nos ofrece la mediocre campaña, el centro central y valga la redundancia es lo...”que se hará...” ...”lo que se mejorará...” ...”lo que se adelantará o lo que se logrará...” y que los jubilados cobrarán más... y a los policías se les pagará mejor y ... más adelante está la futura felicidad del que vote a quien se presenta y solo está faltando algún sorteo o alguna “raspadita”... como ganchos.
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Curioso es que la mayoría de esos políticos hace muchos períodos y cantidad de años que están en los gobiernos. Si se les pregunta, pero...¿y antes por que no se hizo nada de eso...? Ah, y la crisis del 2002, contestan... y si se repite la pregunta, la respuesta remonta por la fiebre Aftosa o por la sequía o la crisis asiática, el efecto tequila o la crisis Argentina... pero... ¿y cinco años antes...? silencio en la noche...
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Más allá de todo este despliegue de cosa liviana, sin nada más que el vistoso cartel o la cuidada imagen en la pantalla, hay un tiempo muy corto que anda hacia el último domingo de este frío –en lugar de primaveral– octubre, en el que desde las urnas va a surgir la encuesta definitiva, en lugar de ese pronóstico que nos dejan los politólogos, un personaje que, junto con las encuestas, invadió nuestro ámbito cotidiano.
Y también atrás de este carnaval mediático existe un pueblo que a esta altura cree poco en el político que tantas veces repitió este mismo show que hoy se está viviendo de nuevo, y que tantas veces olvido al votante que había convocado y tal como expresa el dicho... si te he visto no me acuerdo. Y aunque tantas veces fue defraudado, una cuotita de esperanza hace reincidir a ese pueblo en el cuarto oscuro.
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No mucha gente repara en todo lo que –especialmente en estas elecciones– se halla en juego en las trastiendas de los grupos políticos. Peligran comodidades que se habían hecho costumbre, ingresos que la gran mayoría de los que trabajan no conocen en los niveles que generosas leyes conceden al político, incluido algún que otro subsidio de sobrevivencia familiar, que preserven eventuales intemperies.
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A lo mejor pueden naufragar espacios de poder muy redituables, de esos que aseguran tranquilos sueños, afirman auto estimas y consolidan situaciones de pasar económico, que al común de las gentes les cuesta mucho lograr y que la mayoría de las veces en toda una vida no lo consiguen. El tema del Poder es el gran tema del ámbito político, situado muy por encima del propiamente electoral.
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De pronto se explica mejor de esta manera. Todo lo electoral, con este carnaval del que hablamos antes, con esta fanfarria de promesas y este aquelarre de objetivos que se volcarán sobre la sociedad como el maná bíblico, todo – repetimos– está en las coordenadas que apuntan a obtener, más allá del gobierno, el Poder, que es donde el político se realiza en su vida de sacrificada dedicación al bien público.
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Porque al político le gusta mucho repetir, engolando la voz, que él es político por vocación y porque hay algo que le viene en la sangre de sus ancestros que es la “vocación de servicio”. ¡Como le gusta al político, cuando está posesionado de su papel, repetir una y otra vez esto de la “vocación de servicio”¡. Es como un religioso explicando la forma divina y sobrenatural en que fue elegido por la vocación.
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Y están las desesperadas luchas que se dan en esos ambientes, lejos de las miradas del común de las gentes, para acceder a los asientos de los comensales, que por avatares del destino se han reducido (y sino que lo diga el Dr. Atchugarry...) y como a nadie que ha estado mucho tiempo cómodamente sentado, le gusta que de buenas a primeras le toque la non grata circunstancia de tenerse que quedar de pié.
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Y como todo en la vida tiene su contrapartida, por aquello de los opuestos también en esas trastiendas, de las que ningún partido se escapa de tenerlas como cualquier hijo de vecino, se puede dar el caso de los que se hallan ante una mesa rodeada de muchos más asientos de los que están acostumbrados y la cosa es al revés de lo anterior. O sea que los acostumbrados a estarse de pié, encuentran al fin asiento.
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Y aquí la cosa viene por otros rumbos. Ya no es el caso del que siente peligrar el cómodo resguardo. Es el caso del que va a inaugurar el cómodo resguardo y lo más importante en que debe mentalizarse, es en ser consecuente con los tiempos en que estaba alejado de esa mesa que se le presenta en el camino ahora y por lo tanto, tranquilo el perro y a no engolosinarse con el “güesito”.
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Despacito por las piedras que el camino es largo y tal vez muy pedregoso y con subidas y bajadas empinadas, porque a lo mejor se va a encontrar con muchas zancadillas. A no entrar en “pavaditas” de andar “relojiando” Ministerios ni Intendencias que hay muchos ojos mirando y muchas expectativas y alguna que otra esperanzita jugada a ese camino y volvemos a lo del título...”sonríe...mañana será peor.”
Será hasta la semana que viene.

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