miércoles, 22 de mayo de 2013

LA FAO DICE QUE HOY SE CULTIVA PARA ALIMENTAR A 12 MIL MILLONES Y EN EL PLANETA SOMOS 7.HAY COMIDA, ¿POR QUÉ HAMBRE?

¿COMER INSECTOS
PARA ACABAR CON EL HAMBRE?


Escribe ESTHER VIVAS (*) 
Fuente “Publico,es” 
18 de mayo 2013

(*) ESTHER VIVAS (Sabadell, 1975) Es una activista española autora de diversos libros y publicaciones sobre movimientos sociales. Militante de Izquierda Anticapitalista. Miembro de la Red de Consumo Solidario. Licenciada en Periodismo y Máster en Sociología forma parte del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) desmonta uno a uno los mitos sobre los cuales está construído el actual sistema agroalimentario. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, ha publicado esta semana un informe que ha despertado cierto revuelo. Se trata de insectos comestibles,  para dar de comer a un número cada vez mayor de personas. Pero, ¿acabar con el hambre en el mundo pasa por empezar a consumir insectos o hacer accesible la comida a la gente? No  tengo nada en contra el consumo de "bichos", que en otras latitudes está plenamente extendido. Según la FAO, hoy en el planeta al menos dos mil millones de personas los ingieren regularmente: escarabajos, orugas, abejas, hormigas, saltamontes, langostas y un largo etcétera. Un total de 1.900 especies se comen en
países de África, Asia y, también, América Latina. Y, según dicho informe tienen un alto contenido en proteínas, materias grasas y minerales. Las tertulias y debates que estos días han girado alrededor de la propuesta de la FAO con una clara mirada etnocéntrica de lo que comemos. Pero, más allá de consideraciones culturales, creo que el problema del hambre tiene que abordarse desde otra perspectiva. No se trata, como solución mágica, de apostar por la ingesta de insectos El kid de la cuestión está en preguntarnos cómo en un mundo de la abundancia de alimentos hay tantas personas que no tienen qué comer. Hoy el problema del hambre no radica en la producción sino en la distribución. No se trata de producir más, o buscar nuevos comestibles, sino de distribuir aquellos que ya existen y hacerlos accesibles a la gente. Los alimentos se han convertido en un instrumento de negocio por parte de unas pocas multinacionales de la agroindustria, que priorizan sus intereses empresariales a las necesidades alimentarias de las personas. Acabar con el hambre pasa por exigir justicia y democracia en las políticas agrícolas y alimentarias. Y devolver a los pueblos la soberanía alimentaria, la capacidad de decidir sobre qué y cómo se produce, distribuye y se consume.
( La nota completa de Esther Vivas )

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