lunes, 16 de junio de 2008

ALGO SOBRE LA ECONOMIA..

SOSLAYANDO EL PODER;
ARRIESGANDO EL BLACK OUT
Fuente: “La República” 16 de junio
Por JORGE JAURI
La semana pasada en una de sus salidas de divulgación barrial de la estrategia económica, el ministro Astori reconocía que si en algo se equivocó esta administración respecto a los temas de la energía fue en no haber abierto la participación de los productores privados con más convicción. El futuro precandidato a la presidencia de la República explicitaba de tal manera una de las discusiones más complejas que tiene la izquierda a la hora de reelaborar el programa -antecedente como ha sido bien reclamado por la senadora Topolansky- de cualquier definición de candidaturas comunes para las próximas elecciones. Sin programa compartido sencillamente no es posible que la izquierda resuelva los problemas complejos que ha generado la propia dialéctica del cambio que ha impulsado. Uno de esos problemas es el energético. Sin resolver alguna tranquilidad mínima respecto a que el crecimiento futuro será sustentable sobre una matriz energética sustancialmente diferente a la actual, el riesgo de alentar y mantener tasas elevadas de crecimiento es, sencillamente, una irresponsable osadía.

El riesgo de los black out ha venido creciendo constantemente sin que falten diagnósticos de todo tipo para identificar causas y soluciones. Astori debía haber avanzado en su explicación aunque no fuera redituable electoralmente; quizá... Si esa vía de abrir la oferta energética a proveedores privados con más convicción no se implementó no fue porque la conducción económica se "descuidó". Esa apertura presuponía librar una batalla previa: la de la verdadera transformación del Estado. Haber optado por librar esa batalla en vez de haber decidido instalar dos centralitas escasas que nos cuestan fortunas diarias en San José, hubiera supuesto colocar al Estado en el centro del poder de una sociedad moderna y sacarlo de su relación opaca con cuanta corporación y empresas monopólica se haya heredado; practiquen estas el monopolio abusivo o no. Se renunció entonces a la batalla por instalar el poder allí dónde duele realmente: en la institucionalidad reguladora, en las políticas de competencia; no se entendió que el único juego de poder real consiste en evitar que los poderosos, de la laya que sean, capturen al regulador público.
Esa dualidad central del programa y la acción es costosa y multiplica todas las vulnerabilidades del cambio que se pretende. No porque se desconozca sino porque se subsume en otras de menor jerarquía o en razones de dudosa calidad estratégica para permanecer en los márgenes del poder real. Se evita la aproximación al poder, en su expresión moderna y dramáticamente real. Sin laudar eso y asentarlo en el programa, no sólo de la izquierda sino del Estado, Uruguay va a continuar soportando todos los riesgos de una delegación de la soberanía ciudadana que los gobiernos no asumen con la valentía y la profesionalidad necesarias. Hace cuatro años que no hay informes públicos de misión y gestión de los reguladores, todos los cuales dependen de jerarquías ministeriales con excepción del BCU, institución que ha llegado al límite de sus posibilidades legales. Toda la energía del cambio depende del cielo.

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