LOS HOMBRES ES LA DE
LEVANTAR SU OBRA
EN MEDIO DE
EN MEDIO DE
LA DEVASTACIÓN...”
Fuente: Surespaña.com
Madrid–21 de junio 2008
Por Mario Virgilio Montañez
El último clásico vivo de las letras argentinas cumplirá 97 años en unos días. Un autor comprometido que afronta una vejez cargada de nostalgias Estudiante de Física en la Universidad de La Plata, el primer golpe militar argentino del siglo XX le lleva a pasar a la clandestinidad en 1930. De regreso (del exilio) en Buenos Aires, se casa con Matilde en 1936, y al año siguiente es doctor en Ciencias Físico-Matemáticas.
En 1938, una beca le envía de regreso a París Esta lucha interior terminará haciéndole abandonar la ciencia durante el período 1940-1945 para dedicarse a la literatura. En 1941 comienza a publicar artículos literarios tras haber publicado diversos ensayos científicos. El compromiso asumido por su beca parisina le hace dar clases sobre ingeniería y física cuántica en la Universidad de La Plata. En 1961 publica su novela, 'Sobre héroes y tumbas', quizás la obra más lograda de su producción.
Será su tercera y última obra de ficción, “Abaddón el Exterminador” (1974), en la que se presagia con elocuencia la locura del régimen de la dictadura de Videla y que consigue el premio al mejor libro extranjero publicado en Francia, un reconocimiento que Sabato estima casi tanto como el Premio Cervantes que alcanzará en 1984 mientras es presidente de la comisión que investiga las desapariciones durante la dictadura. Hoy, Sabato se considera un anarquista cristiano, algo que ya fue, sin contradicciones, Tolstoi.
Ha tejido en sus ensayos una coherente metafísica de la esperanza. Es el último clásico vivo de la literatura argentina pero haber dejado una obra inmortal no compensa la mortalidad de quienes amó. Bajo la araucaria, mientras se suceden indiferentes y torpes los vagones del tren de cercanías, Ernesto Sabato intenta no pensar en el calendario y escribe: «La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza». Estas palabras son, más allá de una invitación a la resistencia frente al dolor, la descripción, la justificación, de una vida. De una vida antes del fin. (SACADO de CONTEXTO)
Fuente: Surespaña.com
Madrid–21 de junio 2008
Por Mario Virgilio Montañez
El último clásico vivo de las letras argentinas cumplirá 97 años en unos días. Un autor comprometido que afronta una vejez cargada de nostalgias Estudiante de Física en la Universidad de La Plata, el primer golpe militar argentino del siglo XX le lleva a pasar a la clandestinidad en 1930. De regreso (del exilio) en Buenos Aires, se casa con Matilde en 1936, y al año siguiente es doctor en Ciencias Físico-Matemáticas.
En 1938, una beca le envía de regreso a París Esta lucha interior terminará haciéndole abandonar la ciencia durante el período 1940-1945 para dedicarse a la literatura. En 1941 comienza a publicar artículos literarios tras haber publicado diversos ensayos científicos. El compromiso asumido por su beca parisina le hace dar clases sobre ingeniería y física cuántica en la Universidad de La Plata. En 1961 publica su novela, 'Sobre héroes y tumbas', quizás la obra más lograda de su producción.
Será su tercera y última obra de ficción, “Abaddón el Exterminador” (1974), en la que se presagia con elocuencia la locura del régimen de la dictadura de Videla y que consigue el premio al mejor libro extranjero publicado en Francia, un reconocimiento que Sabato estima casi tanto como el Premio Cervantes que alcanzará en 1984 mientras es presidente de la comisión que investiga las desapariciones durante la dictadura. Hoy, Sabato se considera un anarquista cristiano, algo que ya fue, sin contradicciones, Tolstoi.
Ha tejido en sus ensayos una coherente metafísica de la esperanza. Es el último clásico vivo de la literatura argentina pero haber dejado una obra inmortal no compensa la mortalidad de quienes amó. Bajo la araucaria, mientras se suceden indiferentes y torpes los vagones del tren de cercanías, Ernesto Sabato intenta no pensar en el calendario y escribe: «La mayor nobleza de los hombres es la de levantar su obra en medio de la devastación, sosteniéndola infatigablemente, a medio camino entre el desgarro y la belleza». Estas palabras son, más allá de una invitación a la resistencia frente al dolor, la descripción, la justificación, de una vida. De una vida antes del fin. (SACADO de CONTEXTO)

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