martes, 29 de julio de 2008

VEJEZ: UN TIEMPO DE VIDA

LA VEJEZ ES UN
EFECTO COLATERAL
DE LOS AÑOS
Rincón de escritores
http://www.larmancialtda.com/
“PODRÍAMOS CONSIDERAR EL ENVEJECIMIENTO COMO IR SOBRE UNA OLA MARINA. SI NOS DEJAMOS LLEVAR, FLOTAMOS; EN CAMBIO, SI LUCHAMOS CONTRA ELLA, NOS HUNDIMOS”.
Sin el orgullo monstruoso, ni la vanidad enfermiza de “Dorian Gray” al contemplar su hermoso rostro en la superficie pulimentada y fría del curioso espejo tallado en ebúrneas extremidades de plata; si pudiésemos por un don divino, tener como ese retrato mágico para poder cargar en él la atrofia que produce un proceso biológico multifacético de maduración y declinación biótica llamado “envejecimiento”.
Que llegado el momento, siquiera un instante, pudiéramos conservarnos esplendidos e intactos con “cada fragmento del pasado”, llenos de juventud, sin padecimientos; disfrutando nuestra vejez, última etapa de nuestra vida, quizá la más bella a plenitud con los nuestros. La vejez no es cuestión de años, sino un estado de ánimo en uso de buen retiro de las personas mayores de sus labores cotidianas.
Las investigaciones señalan que sus principios son la declinación de la energía física, susceptibilidad a las enfermedades e incapacidades por mala salud física. En este sentido parece inevitable que el organismo humano pasa a lo largo de un ciclo que comprende: la concepción, el nacimiento, el desarrollo durante la niñez y la adolescencia, la plenitud, la declinación.
Envejecer es un verbo completamente irregular que con el transcurrir de los años se convierte en un logro virtual que debemos aprender a conjugarlo en todas sus formas y tiempos desde la concepción como parte del ciclo vital sin temor. Los años, no solo se llevan prendidos en la solapa del alma como dice en uno de los apartes de una conocida canción.
Son los causantes de la incapacidad de adaptación en el tiempo y de su acción demoledora que a cuestas pesa, haciendo estragos en la vitalidad del organismo, debilitándolo y dejando marcadas sus imborrables huellas. Sus efectos son cambios progresivos como algo natural, de diferentes resultados buenos o malos que se desarrollan dependiendo del estado de ánimo y de salud cultivada por cada quién a lo largo de los años.
La vejez, no es una enfermedad sino la causa de una consecuencia de los seres vivos que sufren cambios con el tiempo, tanto en estructura como en función. Se comienza a notar en los órganos, especialmente la piel, se siente su presencia en las funciones motoras, en las células y tejidos. Hay quienes que, al advertir en su cuerpo esta metamorfosis se deprimen sentados en un sillón o acostados en una cama a ver televisión sin haber razón alguna que justifique tales actos fatalistas.
Esto significa pasar por alto el hecho irrefutable de los años sin el valor que predomina una actitud contemplativa y reflexiva, reconciliándose con sus logros y fracasos, y con sus defectos. Se debe lograr la aceptación de uno mismo y aprender a disfrutar de los placeres que esta etapa brinda. El tiempo siempre debe aprovecharse de una manera o de otra. También se ha dicho que la vejez no tiene remedio. Sin embargo, es un mal que puede aliviarse en muchos aspectos si aprendemos a prepararnos activamente “por autoestima” en su evolución desde cuando se tiene uso de razón.
Para muchas personas la vejez es un proceso continuo de crecimiento intelectual, emocional y psicológico, una etapa en la que las personas se ven enfrentadas a cambios en diferentes áreas, tanto fisiológicas como neurológicas y sociales. La tercera fase de la vida es un período en el que se goza de los logros personales, y se contemplan los frutos del trabajo personal útiles para las generaciones venideras.
Después de la juventud y de la edad adulta se ha contemplado como la fase regresiva del ciclo humano denominado como proceso madurativo. Finalmente pongo en tela de juicio esta reflexión: “¿Qué es la edad? ¿Es el número de años que uno ha vivido? Eso forma parte de la edad; uno ha nacido en tal y tal año, y ahora tiene quince, cuarenta, sesenta años o quizás más. El cuerpo envejece, y lo mismo ocurre con la mente.
Cando está cargada con todas las experiencias, desdichas y fatigas de la vida; y una mente así jamás puede descubrir qué es la verdad. La mente puede descubrir algo sólo cuando es joven, fresca, inocente; pero la inocencia no es una cuestión de edad. No sólo el niño es inocente “puede no serlo-, sino la mente que es capaz de experimentar sin acumular los residuos de la experiencia. La mente tiene que experimentar, eso es inevitable.
Tiene que responder a todo, al río, al animal enfermo, al cuerpo muerto que llevan para la cremación, a los pobres aldeanos que transportan sus cargas por el camino, a las torturas y miserias de la vida; de lo contrario, la mente ya está muerta. Pero tiene que ser capaz de responder sin quedar atrapada en la experiencia.
La tradición, la acumulación de experiencias, las cenizas de la memoria, todo eso es lo que envejece a la mente. La mente que muere cada día a los recuerdos del ayer, a todas las alegrías y los dolores del pasado, una mente así es lozana, inocente, no tiene edad; y sin esa inocencia, ya sea que uno tenga diez años, sesenta o quizás más no encontrará a Dios”.
Viejos son todos los que sienten serlo en cualquier etapa de sus vidas, debe evitarse confundir la ancianidad con el envejecer. La conciencia de estar envejeciendo es una emoción que nos acomete casi a cualquier edad. Por mi parte la experimenté entre los 25 y los 30 años; es aquel emergente que afirma que el tiempo se va, ignorando que no es así; el tiempo se queda; somos nosotros los que algún día nos tenemos que ir… (SACADO DE CONTEXTO) Julio 28 de 2008