
OPTIMISMO Y PESIMISMO
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Por Wimpi (*)
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El tipo se hace pesimista, por lo general, a fuerza de ir viendo lo que les pasa en la vida a los optimistas.
Hay un optimismo capaz de producir pesimismos: y es el de los optimistas que enajenan el presente, que desatienden la hora en que se vive a fuerza de anticiparse un futuro prodigioso de esa hora.
Aspirar a la plenitud es un modo de conspirar contra ella. Quien aspira a mucho, en efecto, siempre se siente defraudado por lo que pudo, luego, conseguir.
Cada hora de la vida tiene una riqueza, un significado y un sentido. Cuando el tipo no aprovecha esa riqueza, no advierte ese significado, no entiende ese sentido, ha sufrido una pérdida que ya con nada podrá compensar.
No es optimismo auténtico el de quien espera confiado a que la realidad llegue a tener el tamaño de sus sueños: lo es, en cambio, aquel capaz de vivir su sueño como una realidad.
Esperar a que una ilusión se realice, es una falta de respeto para con la ilusión.
Esperar a que se transforme en una cosa que pueda tocarse o guardarse en el cofre-fort o ponerse en la heladera, es quitarle a la ilusión sus valores más ciertos y su gracia más diáfana y su gloria más pura.
Es confundir a la ilusión con un pagaré. Dicen los pesimistas que no puede haber felicidad completa, porque están aburridos de ver la decepción de los optimistas que creían que podía haberla.
Pero es que la felicidad no es nunca una cosa hecha: se va haciendo.
No se trata de que el tipo piense, edificado, en que llegará a ser feliz: se trata de que, lúcido, vaya siendo feliz.
A cada momento el tipo está llegando a algo. Lo malo es que no se da cuenta.
Nada de lo que pasa, pasa. Todo se hace nuestro.
Y el tipo, que siempre quiere apoderarse de todo ¡nunca sabe ser dueño de nada!
La felicidad no puede estar al fin de ningún camino: debe ir estando en el camino.
No es, nunca, una cosa hecha: es intención y referencia, es conciencia y fe.
No busca el camino hacia una cosa: se hace, entre las cosas. un camino. . .
Todo momento es algo, todo paso es una decisión.
Cada latido es un regalo.
Por no haber entendido eso tuvo que confesar, allá en sus años viejos, la Marquesa de Sevigné:
" ¡Qué feliz era yo en aquellos tiempos en que era infeliz...!”
––––
(*) Wimpi, seudónimo de Arthur García Núñez, periodista y narrador uruguayo, nacido en 1906 en Montevideo y fallecido en Buenos Aires en 1956.
Trabajó en los diarios El Plata y El Imparcial y en la revista humorística Peloduro. La masiva difusión se la dio la radio donde decía sus incisivos textos. Asimismo hizo libretos para actores.
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LAS AGUAS BAJABAN TURBIAS
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Por DON VERIDICO (*)
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Porotita Porosa supo estar de novia con un tal Batatito Fakir, que le decían "El gato" porque le disparaba al agua. Una ignorancia pal respeto de la higiene, que un día le regalaron un jabón y no lo quiso porque dijo que la manteca le pateaba el hígado. Eso sí, un hombre que gustaba usar perfumes, que se los fabricaba él mismo con creolina, ajo pisado en mortero, azafrán pa darle un tono y un chorrito de alcohol pa que evaporara. A Porotita Porosa, la primera vez se le pudo acercar un poco pa conversarla porque tenía el viento a favor. Mejor dicho, tenía el viento en contra, de frente pa él que iba y de atrás pa ella, que venía. Parece que el hombre la impresionó, y arreglaron pa volver a verse a la tardecita. Llegó la hora, y cuando se estaban acercando va y le cambia el viento y a ella se le remangó la ñatita y reculó. Le hizo señas a Batatito de que se quedara en su sitio, y le pegó el grito:
- !Se me baña mañana mismo, o lo denuncio!.
Al otro día, Batatito agarró coraje y se tiró al arroyo pa pegarse un baño. Fue la mortandá de pescados más grande que se conoció en la historia, que unos muchachos ecologistas le hicieron una marcha de protesta frente al rancho, y al arroyo le tuvieron que cambiar toda el agua. Cuando se bañó, quedó tan bonito que los perros no lo dejaban arrimar porque lo desconocían. Hasta la voz le cambió. Y pa rematar, fue y se compró carretilla nueva. Y fue y la invitó a la muchacha a pasear en carretilla, pero ella le dijo que no porque la chapa era muy fría pa viajar sentada. De carretilla nueva pero en una sola tristeza, llegó hasta el boliche El Resorte y contó todito lo que le pasaba, y lloró un poquito. Opinaron varios. Alguien le aconsejó que le pusiera un cojinillo en la carretilla, pero la Duvija dijo que la muchacha se merecía una cosa más moderna, y que además el cojinillo suele venir con abrojo y si la pinchaban era un papelón. El que opinó con un criterio, fue el tape Olmedo.
- Pa mi -dijo-, en estos casos, pa tener la carretilla calentita, lo mejor es ponerle abajo una bandeja con carbones prendidos. Usté va y le pone, y dispués viene y me dice.
Fue y le puso. Le quedó, que fueron los comentarios y todo el mundo le ponderaba la carretilla con calefación. Pero la muchacha se le rió en la cara. Le largó la carcajada y le dijo que mejor que le agregara brasas y que la usara como plancha pa churrascos. Fue y le agregó. Le quedó una carretilla que era un lujo especial pa vender chorizos y alguna tirita de asado. Parecido al medio tanque, pero con servicio a domicilio. !Hizo un platal!.
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(*) Julio César Castro, también conocido como Juceca (6 de mayo de 1928, Montevideo - 11 de setiembre de 2003, idem.) humorista, narrador, actor y dramaturgo uruguayo. Se lo conoce principalmente por su personaje Don Verídico, con el cual desarrolló un tipo particular de humor absurdo ligado al mundo rural.
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Por Wimpi (*)
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El tipo se hace pesimista, por lo general, a fuerza de ir viendo lo que les pasa en la vida a los optimistas.
Hay un optimismo capaz de producir pesimismos: y es el de los optimistas que enajenan el presente, que desatienden la hora en que se vive a fuerza de anticiparse un futuro prodigioso de esa hora.
Aspirar a la plenitud es un modo de conspirar contra ella. Quien aspira a mucho, en efecto, siempre se siente defraudado por lo que pudo, luego, conseguir.
Cada hora de la vida tiene una riqueza, un significado y un sentido. Cuando el tipo no aprovecha esa riqueza, no advierte ese significado, no entiende ese sentido, ha sufrido una pérdida que ya con nada podrá compensar.
No es optimismo auténtico el de quien espera confiado a que la realidad llegue a tener el tamaño de sus sueños: lo es, en cambio, aquel capaz de vivir su sueño como una realidad.
Esperar a que una ilusión se realice, es una falta de respeto para con la ilusión.
Esperar a que se transforme en una cosa que pueda tocarse o guardarse en el cofre-fort o ponerse en la heladera, es quitarle a la ilusión sus valores más ciertos y su gracia más diáfana y su gloria más pura.
Es confundir a la ilusión con un pagaré. Dicen los pesimistas que no puede haber felicidad completa, porque están aburridos de ver la decepción de los optimistas que creían que podía haberla.
Pero es que la felicidad no es nunca una cosa hecha: se va haciendo.
No se trata de que el tipo piense, edificado, en que llegará a ser feliz: se trata de que, lúcido, vaya siendo feliz.
A cada momento el tipo está llegando a algo. Lo malo es que no se da cuenta.
Nada de lo que pasa, pasa. Todo se hace nuestro.
Y el tipo, que siempre quiere apoderarse de todo ¡nunca sabe ser dueño de nada!
La felicidad no puede estar al fin de ningún camino: debe ir estando en el camino.
No es, nunca, una cosa hecha: es intención y referencia, es conciencia y fe.
No busca el camino hacia una cosa: se hace, entre las cosas. un camino. . .
Todo momento es algo, todo paso es una decisión.
Cada latido es un regalo.
Por no haber entendido eso tuvo que confesar, allá en sus años viejos, la Marquesa de Sevigné:
" ¡Qué feliz era yo en aquellos tiempos en que era infeliz...!”
––––
(*) Wimpi, seudónimo de Arthur García Núñez, periodista y narrador uruguayo, nacido en 1906 en Montevideo y fallecido en Buenos Aires en 1956.
Trabajó en los diarios El Plata y El Imparcial y en la revista humorística Peloduro. La masiva difusión se la dio la radio donde decía sus incisivos textos. Asimismo hizo libretos para actores.
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LAS AGUAS BAJABAN TURBIAS
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Por DON VERIDICO (*)
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Porotita Porosa supo estar de novia con un tal Batatito Fakir, que le decían "El gato" porque le disparaba al agua. Una ignorancia pal respeto de la higiene, que un día le regalaron un jabón y no lo quiso porque dijo que la manteca le pateaba el hígado. Eso sí, un hombre que gustaba usar perfumes, que se los fabricaba él mismo con creolina, ajo pisado en mortero, azafrán pa darle un tono y un chorrito de alcohol pa que evaporara. A Porotita Porosa, la primera vez se le pudo acercar un poco pa conversarla porque tenía el viento a favor. Mejor dicho, tenía el viento en contra, de frente pa él que iba y de atrás pa ella, que venía. Parece que el hombre la impresionó, y arreglaron pa volver a verse a la tardecita. Llegó la hora, y cuando se estaban acercando va y le cambia el viento y a ella se le remangó la ñatita y reculó. Le hizo señas a Batatito de que se quedara en su sitio, y le pegó el grito:
- !Se me baña mañana mismo, o lo denuncio!.
Al otro día, Batatito agarró coraje y se tiró al arroyo pa pegarse un baño. Fue la mortandá de pescados más grande que se conoció en la historia, que unos muchachos ecologistas le hicieron una marcha de protesta frente al rancho, y al arroyo le tuvieron que cambiar toda el agua. Cuando se bañó, quedó tan bonito que los perros no lo dejaban arrimar porque lo desconocían. Hasta la voz le cambió. Y pa rematar, fue y se compró carretilla nueva. Y fue y la invitó a la muchacha a pasear en carretilla, pero ella le dijo que no porque la chapa era muy fría pa viajar sentada. De carretilla nueva pero en una sola tristeza, llegó hasta el boliche El Resorte y contó todito lo que le pasaba, y lloró un poquito. Opinaron varios. Alguien le aconsejó que le pusiera un cojinillo en la carretilla, pero la Duvija dijo que la muchacha se merecía una cosa más moderna, y que además el cojinillo suele venir con abrojo y si la pinchaban era un papelón. El que opinó con un criterio, fue el tape Olmedo.
- Pa mi -dijo-, en estos casos, pa tener la carretilla calentita, lo mejor es ponerle abajo una bandeja con carbones prendidos. Usté va y le pone, y dispués viene y me dice.
Fue y le puso. Le quedó, que fueron los comentarios y todo el mundo le ponderaba la carretilla con calefación. Pero la muchacha se le rió en la cara. Le largó la carcajada y le dijo que mejor que le agregara brasas y que la usara como plancha pa churrascos. Fue y le agregó. Le quedó una carretilla que era un lujo especial pa vender chorizos y alguna tirita de asado. Parecido al medio tanque, pero con servicio a domicilio. !Hizo un platal!.
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(*) Julio César Castro, también conocido como Juceca (6 de mayo de 1928, Montevideo - 11 de setiembre de 2003, idem.) humorista, narrador, actor y dramaturgo uruguayo. Se lo conoce principalmente por su personaje Don Verídico, con el cual desarrolló un tipo particular de humor absurdo ligado al mundo rural.
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