EL PRÓXIMO BRETTON WOODS
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Por Joseph E. Stiglitz
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23 de noviembre de 2008
NUEVA YORK
Fuente:
Blog de Susana Villagra
http://susanavillaran.blogspot.com/
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El mundo está cayendo en una gran desaceleración que probablemente sea la peor en un cuarto de siglo y tal vez desde la Gran Depresión. Esta crisis estuvo “hecha en Estados Unidos” en varios sentidos.
Ese país exportó sus hipotecas tóxicas a todo el mundo bajo la forma de valores respaldados por activos. Los Estados Unidos exportaron su filosofía de desreglamentación de libre mercado cuyo alto sacerdote, Alan Greenspan, ahora admite que fue un error. Los Estados Unidos exportaron su cultura de irresponsabilidad corporativa – opciones de compra de acciones no transparentes, que fomentan la mala contabilidad que ha desempeñado un papel en esta debacle, como lo hizo en los escándalos de Enron y Worldcom de hace unos años. Y, por último, los Estados Unidos han exportado su deterioro económico.
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Previsiblemente, la crisis se ha extendido ya a los mercados emergentes y los países menos desarrollados. Por sorprendente que parezca, se sigue considerando que los Estados Unidos, a pesar de todos sus problemas, son el lugar más seguro para depositar dinero. Esto no es sorprendente, supongo, porque a pesar de todo, una garantía del gobierno de los Estados Unidos tiene más credibilidad que una garantía de un país del tercer mundo. A medida que los Estados Unidos absorben los ahorros de todo el planeta para abordar sus problemas, que las primas de riesgo se disparan, que el ingreso, el comercio y los precios de los productos básicos disminuyen a nivel global, los países en desarrollo se enfrentarán a tiempos difíciles. Es probable que algunos de esos países –los que tenían grandes déficit comerciales antes de que estallara la crisis, aquéllos cuyas grandes deudas nacionales se deben refinanciar y los que tienen vínculos comerciales estrechos con los Estados Unidos– resulten más afectados que otros. Los países que no liberalizaron plenamente sus mercados financieros y de capital, como China, darán gracias por no haber seguido las recomendaciones de Paulson y del Tesoro de los Estados Unidos de hacerlo.
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Hace diez años, cuando estalló la crisis financiera de Asia, se habló mucho de la necesidad de reformar la arquitectura financiera global. Se hizo muy poco – demasiado poco, como ahora ha quedado claro. En ese momento, muchos pensaron que esos llamados grandilocuentes eran un intento deliberado para impedir una reforma real: quienes habían tenido éxito con el viejo sistema sabían que la crisis pasaría y con ella desaparecería también el reclamo de hacer reformas. No podemos permitir que eso vuelva a suceder.
Pero mientras que los Estados Unidos y Gran Bretaña dominaron el viejo Bretton Woods, el paisaje mundial actual es notablemente diferente. De la misma forma, las viejas instituciones de Bretton Woods estuvieron definidas por un conjunto de doctrinas económicas que ya se ha demostrado que fracasan no sólo en los países en desarrollo sino incluso en el corazón del capitalismo. La próxima cumbre mundial debe enfrentarse a esas nuevas realidades si se quiere trabajar efectivamente hacia la creación de un sistema financiero global más estable y equitativo.
(SACADO de CONTEXTO)
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Joseph Stiglitz, profesor de economía en la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de economía en 2001, es co-autor, junto con Linda Blimes, del libro La guerra de los tres billones: El costo verdadero del conflicto en Irak.
Copyright: Project Syndicate, 2008. www.project-syndicate.orgTraducción de Kena Nequiz
Por Joseph E. Stiglitz
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23 de noviembre de 2008
NUEVA YORK
Fuente:
Blog de Susana Villagra
http://susanavillaran.blogspot.com/
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El mundo está cayendo en una gran desaceleración que probablemente sea la peor en un cuarto de siglo y tal vez desde la Gran Depresión. Esta crisis estuvo “hecha en Estados Unidos” en varios sentidos.
Ese país exportó sus hipotecas tóxicas a todo el mundo bajo la forma de valores respaldados por activos. Los Estados Unidos exportaron su filosofía de desreglamentación de libre mercado cuyo alto sacerdote, Alan Greenspan, ahora admite que fue un error. Los Estados Unidos exportaron su cultura de irresponsabilidad corporativa – opciones de compra de acciones no transparentes, que fomentan la mala contabilidad que ha desempeñado un papel en esta debacle, como lo hizo en los escándalos de Enron y Worldcom de hace unos años. Y, por último, los Estados Unidos han exportado su deterioro económico.
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Previsiblemente, la crisis se ha extendido ya a los mercados emergentes y los países menos desarrollados. Por sorprendente que parezca, se sigue considerando que los Estados Unidos, a pesar de todos sus problemas, son el lugar más seguro para depositar dinero. Esto no es sorprendente, supongo, porque a pesar de todo, una garantía del gobierno de los Estados Unidos tiene más credibilidad que una garantía de un país del tercer mundo. A medida que los Estados Unidos absorben los ahorros de todo el planeta para abordar sus problemas, que las primas de riesgo se disparan, que el ingreso, el comercio y los precios de los productos básicos disminuyen a nivel global, los países en desarrollo se enfrentarán a tiempos difíciles. Es probable que algunos de esos países –los que tenían grandes déficit comerciales antes de que estallara la crisis, aquéllos cuyas grandes deudas nacionales se deben refinanciar y los que tienen vínculos comerciales estrechos con los Estados Unidos– resulten más afectados que otros. Los países que no liberalizaron plenamente sus mercados financieros y de capital, como China, darán gracias por no haber seguido las recomendaciones de Paulson y del Tesoro de los Estados Unidos de hacerlo.
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Hace diez años, cuando estalló la crisis financiera de Asia, se habló mucho de la necesidad de reformar la arquitectura financiera global. Se hizo muy poco – demasiado poco, como ahora ha quedado claro. En ese momento, muchos pensaron que esos llamados grandilocuentes eran un intento deliberado para impedir una reforma real: quienes habían tenido éxito con el viejo sistema sabían que la crisis pasaría y con ella desaparecería también el reclamo de hacer reformas. No podemos permitir que eso vuelva a suceder.
Pero mientras que los Estados Unidos y Gran Bretaña dominaron el viejo Bretton Woods, el paisaje mundial actual es notablemente diferente. De la misma forma, las viejas instituciones de Bretton Woods estuvieron definidas por un conjunto de doctrinas económicas que ya se ha demostrado que fracasan no sólo en los países en desarrollo sino incluso en el corazón del capitalismo. La próxima cumbre mundial debe enfrentarse a esas nuevas realidades si se quiere trabajar efectivamente hacia la creación de un sistema financiero global más estable y equitativo.
(SACADO de CONTEXTO)
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Joseph Stiglitz, profesor de economía en la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de economía en 2001, es co-autor, junto con Linda Blimes, del libro La guerra de los tres billones: El costo verdadero del conflicto en Irak.
Copyright: Project Syndicate, 2008. www.project-syndicate.orgTraducción de Kena Nequiz
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