
MARIO VARGAS LLOSA:“ONETTI:
UN RELATO PERFECTO...
Y NO DEJA DE
Y NO DEJA DE
CONMOVERME...”
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Mario Vargas Llosa, el escritor peruano conocido en el mundo entero, acaba de presentar un libro sobre nuestro Juan Carlos Onetti. Según ha comentado el escritor peruano rumió durante décadas la posibilidad de leer sistemáticamente la obra completa de Onetti. Hace dos años, un curso en la Universidad de Georgetown convirtió en disciplinada realidad aquel deseo. Y aquel semestre magistral ha tomado ahora forma de libro en El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara), presentado hace una semana –el miércoles 19 de noviembre– en la Casa de América de Madrid por el propio Vargas Llosa y el periodista Juan Cruz, asiduo visitante del número 31 de la madrileña avenida de América en los años en que Onetti, forma ya parte del mito, se encerró allí a leer novelas policíacas sin salir de la cama.
En esa cama del exilio español terminó un viaje que había empezado 85 años antes en Montevideo y del que Vargas Llosa, que ya había dedicado largos ensayos a autores como García Márquez, Flaubert o Víctor Hugo, ha trazado un mapa doble: el de la vida y el de la obra. La de Onetti y la de sus personajes. Según el narrador peruano, que acaba de pasar dos semanas en el Congo, donde ha podido comprobar "hasta qué extremos puede llegar la crueldad humana", la literatura es para ellos un refugio contra la realidad, "el simulacro que permite vivir en la ilusión, transitoriamente a salvo del horror de la vida verdadera".
Ellos son hombres y mujeres que viven en una gran tensión económica, psicológica o sentimental que los acercan al abismo, y cuya única escapatoria está en la imaginación. El viaje a la ficción es, de hecho, la radiografía, libro a libro, de un universo "disolvente y nublado" habitado por personajes amorales, misóginos, proxenetas y prostitutas sin esperanza abocados a la locura o el suicidio. El propio Onetti creó una ciudad imaginaria, Santa María, cuando Perón prohibió el tráfico entre Buenos Aires y Montevideo. En ella, de hecho, transcurre la gran trilogía onettiana: “La vida breve” (1950), “El astillero” (1961) y “Juntacadáveres” (1964).
"Fui arrastrado por el boom", dijo siempre Juan Carlos Onetti para ilustrar su papel como precursor, con Rulfo y Borges, de la generación de García Márquez, Cortázar, Carlos Fuentes y el propio Vargas Llosa. El escritor peruano, de hecho, señala La vida breve como "la primera novela moderna de América Latina", en los antípodas del costumbrismo retórico que triunfaba en la época. En su opinión, Onetti fue el primero en asimilar el magisterio de Joyce, Proust y, sobre todo, Faulkner.
Para Onetti, en cuya obra gravitan también las sombras de Kafka, Céline y Roberto Arlt, al que conoció en sus años de periodista en Argentina, Faulkner fue, ante todo, el ejemplo máximo de escritor que, sin darle importancia a sus novelas, no vivía más que para escribirlas: "Un hombre capaz de soportar que la gente se vaya al infierno, siempre que la carne quemada no le impida continuar realizando su obra".
Frente a los defensores del arte por el arte y reconociendo la autonomía del mundo de Onetti, Vargas Llosa apunta que la desgracia y la frustración que lo recorren son las mismas que tiñen la historia de Latinoamérica, atravesada por el subdesarrollo -"un estado de ánimo"- y la fantasía: la negación de toda forma de pragmatismo democrático "en nombre de la utopía".
Vargas Llosa, que se ha adelantado unos meses al centenario de Juan Carlos Onetti, nacido en 1909, subraya, además, su maestría como cuentista: "He leído 20 veces El infierno tan temido, un relato perfecto, y no deja de conmoverme. Y de aterrorizarme"."La vida breve' es la primera novela moderna de América Latina"
Mario Vargas Llosa, el 19 de este mes se sentó frente al público, en el auditorio Gabriela Mistral, de la Casa América, en Madrid, como un buen maestro se sentaría frente a sus alumnos: ávido de contarles todo lo que sabe.
Lo suyo parecía una urgencia. La necesidad de contagiar el entusiasmo que el universo literario del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti despierta en el autor de ‘La ciudad y los perros’.
Por eso, los “siete minutos” que, según el periodista Juan Cruz, duraría la presentación del libro “Viaje a la Ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti”, parecieron muchos más.
“Recuerdo bien mi sorpresa tras mi primer encuentro con sus libros, en los años sesenta. No me pasó con otros escritores, con los que de pronto el hechizo, la ilusión, se rompían por una impericia formal (...). En los cuentos de Onetti había un lenguaje moderno, que no era, pero parecía, salido directamente de la boca de la gente de la calle”.
En su ensayo Vargas Llosa se centra en la confluencia de la “realidad real y la imaginada”, que viven los personajes de las historias de Onetti, siempre atormentados, frustrados, buscando en la imaginación una salida.
––––
N. de R. Esta nota fue armada, en base a materiales de los periodistas españoles Juan Cruz y Gabriela Paz, que cubrieron el hecho en la prensa española. Y de las Agencias. FD
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Mario Vargas Llosa, el escritor peruano conocido en el mundo entero, acaba de presentar un libro sobre nuestro Juan Carlos Onetti. Según ha comentado el escritor peruano rumió durante décadas la posibilidad de leer sistemáticamente la obra completa de Onetti. Hace dos años, un curso en la Universidad de Georgetown convirtió en disciplinada realidad aquel deseo. Y aquel semestre magistral ha tomado ahora forma de libro en El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara), presentado hace una semana –el miércoles 19 de noviembre– en la Casa de América de Madrid por el propio Vargas Llosa y el periodista Juan Cruz, asiduo visitante del número 31 de la madrileña avenida de América en los años en que Onetti, forma ya parte del mito, se encerró allí a leer novelas policíacas sin salir de la cama.
En esa cama del exilio español terminó un viaje que había empezado 85 años antes en Montevideo y del que Vargas Llosa, que ya había dedicado largos ensayos a autores como García Márquez, Flaubert o Víctor Hugo, ha trazado un mapa doble: el de la vida y el de la obra. La de Onetti y la de sus personajes. Según el narrador peruano, que acaba de pasar dos semanas en el Congo, donde ha podido comprobar "hasta qué extremos puede llegar la crueldad humana", la literatura es para ellos un refugio contra la realidad, "el simulacro que permite vivir en la ilusión, transitoriamente a salvo del horror de la vida verdadera".
Ellos son hombres y mujeres que viven en una gran tensión económica, psicológica o sentimental que los acercan al abismo, y cuya única escapatoria está en la imaginación. El viaje a la ficción es, de hecho, la radiografía, libro a libro, de un universo "disolvente y nublado" habitado por personajes amorales, misóginos, proxenetas y prostitutas sin esperanza abocados a la locura o el suicidio. El propio Onetti creó una ciudad imaginaria, Santa María, cuando Perón prohibió el tráfico entre Buenos Aires y Montevideo. En ella, de hecho, transcurre la gran trilogía onettiana: “La vida breve” (1950), “El astillero” (1961) y “Juntacadáveres” (1964).
"Fui arrastrado por el boom", dijo siempre Juan Carlos Onetti para ilustrar su papel como precursor, con Rulfo y Borges, de la generación de García Márquez, Cortázar, Carlos Fuentes y el propio Vargas Llosa. El escritor peruano, de hecho, señala La vida breve como "la primera novela moderna de América Latina", en los antípodas del costumbrismo retórico que triunfaba en la época. En su opinión, Onetti fue el primero en asimilar el magisterio de Joyce, Proust y, sobre todo, Faulkner.
Para Onetti, en cuya obra gravitan también las sombras de Kafka, Céline y Roberto Arlt, al que conoció en sus años de periodista en Argentina, Faulkner fue, ante todo, el ejemplo máximo de escritor que, sin darle importancia a sus novelas, no vivía más que para escribirlas: "Un hombre capaz de soportar que la gente se vaya al infierno, siempre que la carne quemada no le impida continuar realizando su obra".
Frente a los defensores del arte por el arte y reconociendo la autonomía del mundo de Onetti, Vargas Llosa apunta que la desgracia y la frustración que lo recorren son las mismas que tiñen la historia de Latinoamérica, atravesada por el subdesarrollo -"un estado de ánimo"- y la fantasía: la negación de toda forma de pragmatismo democrático "en nombre de la utopía".
Vargas Llosa, que se ha adelantado unos meses al centenario de Juan Carlos Onetti, nacido en 1909, subraya, además, su maestría como cuentista: "He leído 20 veces El infierno tan temido, un relato perfecto, y no deja de conmoverme. Y de aterrorizarme"."La vida breve' es la primera novela moderna de América Latina"
Mario Vargas Llosa, el 19 de este mes se sentó frente al público, en el auditorio Gabriela Mistral, de la Casa América, en Madrid, como un buen maestro se sentaría frente a sus alumnos: ávido de contarles todo lo que sabe.
Lo suyo parecía una urgencia. La necesidad de contagiar el entusiasmo que el universo literario del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti despierta en el autor de ‘La ciudad y los perros’.
Por eso, los “siete minutos” que, según el periodista Juan Cruz, duraría la presentación del libro “Viaje a la Ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti”, parecieron muchos más.
“Recuerdo bien mi sorpresa tras mi primer encuentro con sus libros, en los años sesenta. No me pasó con otros escritores, con los que de pronto el hechizo, la ilusión, se rompían por una impericia formal (...). En los cuentos de Onetti había un lenguaje moderno, que no era, pero parecía, salido directamente de la boca de la gente de la calle”.
En su ensayo Vargas Llosa se centra en la confluencia de la “realidad real y la imaginada”, que viven los personajes de las historias de Onetti, siempre atormentados, frustrados, buscando en la imaginación una salida.
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N. de R. Esta nota fue armada, en base a materiales de los periodistas españoles Juan Cruz y Gabriela Paz, que cubrieron el hecho en la prensa española. Y de las Agencias. FD
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