HUMANISMOEscribe
GONZALO
CANAL RAMIREZ (*)
Soy capaz de cierta interpretación humanística del misterio de envejecer, no solamente porque estoy entrando a la tercera edad, sino porque he sido un observador atento de ella, como lector de sus temas y testigo de la injusticia con que se le trata. De la gerontocracia, cuando el viejo era el gobernante, se pasa a la gerontoplebe, el viejo gobernado, manipulado y abandonado, denegado en sus derechos. Pero sobre todo aislado y excluido, flotante sin verdadera identificación, en enmedio todavía hostil.
La UNESCO ha promulgado los “Derechos del Niño” y los “Derechos del animal”. Siglo y medio largo después de la declaración por la Revolución Francesa de los “Derechos del Hombre”, Juan Domingo Perón y Evita, divulgaron en la Argentina “Los Derechos del Anciano”. Hoy esos derechos son, ante todo, económicos y sociales, asistenciales. Pero mientras se le mantenga excluido de la humanidad, sin derecho a trabajar y a ser como cualquier persona, ese movimiento pro–viejo fallará por la base. No basta ni el pan, ni la farmacia, si esta fuera de la corriente de la vida.
CANAL RAMIREZ (*)
Soy capaz de cierta interpretación humanística del misterio de envejecer, no solamente porque estoy entrando a la tercera edad, sino porque he sido un observador atento de ella, como lector de sus temas y testigo de la injusticia con que se le trata. De la gerontocracia, cuando el viejo era el gobernante, se pasa a la gerontoplebe, el viejo gobernado, manipulado y abandonado, denegado en sus derechos. Pero sobre todo aislado y excluido, flotante sin verdadera identificación, en enmedio todavía hostil.
La UNESCO ha promulgado los “Derechos del Niño” y los “Derechos del animal”. Siglo y medio largo después de la declaración por la Revolución Francesa de los “Derechos del Hombre”, Juan Domingo Perón y Evita, divulgaron en la Argentina “Los Derechos del Anciano”. Hoy esos derechos son, ante todo, económicos y sociales, asistenciales. Pero mientras se le mantenga excluido de la humanidad, sin derecho a trabajar y a ser como cualquier persona, ese movimiento pro–viejo fallará por la base. No basta ni el pan, ni la farmacia, si esta fuera de la corriente de la vida.
Las sociedades organizadas se inquietan ante la proliferación de la presencia del viejo. Los seguros Sociales bien establecidos –La Seguridad Social en Francia, por ejemplo– se alarman ante la consideración de que el aumento de la longevidad acumula una gran carga de jubilaciones que, para fines del siglo, no podrán ser ni financiables ni costeables si se tiene en cuenta que enviejo no aporta y los trabajadores cotizantes decrecen demográficamente.
El fenómeno cada vez más viejos y menos niños, será la bancarrota de la asistencia social dentro de 20 años y el espanto de los actuarios, si no se reajustan las estructuras teniendo en cuenta el “plazo demográfico”. La imagen del viejo/a, tan importante otrora en el gobierno, el consejo, la consulta, la magia y la profecía de muchos pueblos, tan olvidada después en Occidente, emerge ahora, pero desgraciadamente como una amenaza y rivalidad en la mesa del culto a la juventud, como un competidor en el reparto.
De esa imágen me quiero preocupar. Tiene demasiados intereses en acecho en torno a ella. El viejo como objeto y sujeto a sus tradicionales derechos, más teóricos que prácticos. Mi objetivo es demostrar en el viejo un hombre, una mujer normal como cualquier otro/a, a la escala de su edad, con todo el pleno derechos a la vida, en todos los campos, y a vivirla sin la mengua causada por los prejuicios, las convenciones, los tabúes y los mitos acumulados sobre la persona, impidiéndole la realización normal de la vida.
Para esa vida esta capacitado/a en casi todos los campos, desde el sexual hasta el del trabajo efectivo, privando a la sociedad de sus luces, sabiduría y experiencia, al condenarlo al islote de la vejez, como a un ostracismo, en vez de estimular su condición de realizador y partícipe. Para el humanista el viejo/a es ante todo una persona y no deja de serlo sino con la muerte.
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(*) Gonzalo Canal Ramírez, es un reconocido especialista en temas de la Tercera Edad. De origen colombiano, esta radicado en España. Estos textos son del libro “ENVEJECER NO ES DETERIORARSE” que ha merecido innumerables ediciones y traducciones desde 1980, año de su aparición en España.
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