¿QUÉ PUNTOS DE APOYO BRINDA MARX
PARA ABORDAR LAS CRISIS FINANCIERAS?
Marx no conoció una situación de hipertrofia de la esfera financiera comparable a la actual. Sin embargo dejó algunas indicaciones metodológicas importantes y sobre todo una teoría del capital ficticio en la que nos apoyaremos más adelante. Recordemos por ahora que lo denominado en el siglo XIX «crisis monetaria» o «de dinero» más que financiera, constituía para él «un momento de las crisis industriales», pero un momento muy significativo porque en él se desnuda una contradicción fundamental contenida en la moneda:
Marx no conoció una situación de hipertrofia de la esfera financiera comparable a la actual. Sin embargo dejó algunas indicaciones metodológicas importantes y sobre todo una teoría del capital ficticio en la que nos apoyaremos más adelante. Recordemos por ahora que lo denominado en el siglo XIX «crisis monetaria» o «de dinero» más que financiera, constituía para él «un momento de las crisis industriales», pero un momento muy significativo porque en él se desnuda una contradicción fundamental contenida en la moneda:
.
La función del dinero como medio de pago envuelve una brusca contradicción. En la medida en que los pagos se compensan unos con otros, el dinero sólo funciona idealmente, como dinero aritmético o medida de valor. En cambio, cuando hay que hacer pagos efectivos, el dinero ya no actúa solamente como medio de circulación, como forma mediadora y llamada a desaparecer de la asimilación, sino como la encarnación individual del trabajo social, como la existencia autónoma del valor de cambio, como la mercancía absoluta. Esta contradicción estalla en ese momento de las crisis comerciales y de producción a las que se da el nombre de crisis de dinero.
La función del dinero como medio de pago envuelve una brusca contradicción. En la medida en que los pagos se compensan unos con otros, el dinero sólo funciona idealmente, como dinero aritmético o medida de valor. En cambio, cuando hay que hacer pagos efectivos, el dinero ya no actúa solamente como medio de circulación, como forma mediadora y llamada a desaparecer de la asimilación, sino como la encarnación individual del trabajo social, como la existencia autónoma del valor de cambio, como la mercancía absoluta. Esta contradicción estalla en ese momento de las crisis comerciales y de producción a las que se da el nombre de crisis de dinero.
.
El reemplazo del oro por las monedas estatales de los países más fuertes (actualmente, un «semi–patrón oro»3) así como el desarrollo extraordinario que adquirieron los efectivos bancarios exigiría transcribir esta contradicción a las condiciones actuales.4 Queda en pie sin embargo el hecho de que en esta crisis ya se ha perfilado una situación en la cual:
El reemplazo del oro por las monedas estatales de los países más fuertes (actualmente, un «semi–patrón oro»3) así como el desarrollo extraordinario que adquirieron los efectivos bancarios exigiría transcribir esta contradicción a las condiciones actuales.4 Queda en pie sin embargo el hecho de que en esta crisis ya se ha perfilado una situación en la cual:
.
"El crédito se reduce o desaparece en absoluto, el dinero se enfrenta de pronto de un modo absoluto a las mercancías como medio único de pago y como la verdadera existencia del valor. De aquí la depreciación general de las mercancías, la dificultad, más aún, la imposibilidad de convertirlas en dinero.5
Es muy útil una distinción introducida por Marx respecto a las «crisis monetarias» o «de dinero». Por un lado, está la de que «es una fase es de cualquier crisis». Por el otro y sin que existan barreras infranqueables entre ambas, está esa modalidad especial de crisis a que se da también el nombre de crisis de dinero, pero que puede producirse también de un modo independiente, influyendo luego de rechazo sobre la industria y el comercio. Son estas crisis que tienen como centro de gravitación el capital–dinero y que, por tanto, se mueven directamente dentro de la órbita de los Bancos, de la Bolsa y de la finanza.
"El crédito se reduce o desaparece en absoluto, el dinero se enfrenta de pronto de un modo absoluto a las mercancías como medio único de pago y como la verdadera existencia del valor. De aquí la depreciación general de las mercancías, la dificultad, más aún, la imposibilidad de convertirlas en dinero.5
Es muy útil una distinción introducida por Marx respecto a las «crisis monetarias» o «de dinero». Por un lado, está la de que «es una fase es de cualquier crisis». Por el otro y sin que existan barreras infranqueables entre ambas, está esa modalidad especial de crisis a que se da también el nombre de crisis de dinero, pero que puede producirse también de un modo independiente, influyendo luego de rechazo sobre la industria y el comercio. Son estas crisis que tienen como centro de gravitación el capital–dinero y que, por tanto, se mueven directamente dentro de la órbita de los Bancos, de la Bolsa y de la finanza.
.
Las crisis monetarias de este tipo son las que llamamos ahora crisis financieras. Traducen la maduración de las contradicciones a nivel de la formación de la tasa de ganancia así como de las condiciones de realización del valor y plus–valor. El hecho de que estas crisis se forman de manera «independiente» es consecuencia de la acumulación de capital–dinero y de la formación de capital ficticio a gran escala. Pero estas son a su vez la expresión de graves «disfunciones» que hunden sus raíces en las relaciones de producción y de propiedad y en las medidas de política económica utilizadas para contenerlas.
.
II. El tiempo de la crisis financiera
Así se comienza a percibir el alcance de la crisis financiera que se abrió y la importancia de las cuestiones en juego. Ocurre en un momento en que los instrumentos utilizados por los bancos centrales comenzaron a mostrar sus limitaciones, a fuer de haber sido utilizados repetidamente desde hace veinte años. Se produce después de una fase excepcionalmente larga de acumulación sin ruptura. Se sitúa, finalmente, cuando la configuración del marco geo–económico y geopolítico del capitalismo mundial está experimentando modificaciones profundas.
El acento se debe poner, en primer lugar, sobre el alcance y consecuencias de lo que denomino una muy larga fase de «acumulación sin ruptura». Considerando que la reconstrucción de lo destruido en la Segunda Guerra Mundial terminó a mediados de los años 1950, el capitalismo como sistema mundial conoció desde entonces más de cincuenta años de acumulación casi ininterrumpida. Es la fase de este tipo más larga de toda su historia.
La acumulación se dio con momentos de ritmos diferentes, pero sin que se produjese ninguna ruptura, como una gran crisis económica o una guerra análoga a las dos grandes conflagraciones del siglo XX. La recesión mundial de 1974–76 puso fin al largo movimiento cíclico llamado «los treinta gloriosos». Cerró un período, pero luego de una fase de transición la acumulación recomenzó sobre la base, especialmente, de un desplazamiento progresivo de su centro de gravedad geográfico. Ninguna ruptura se produjo tampoco desde el flanco de la lucha de clases. El capitalismo mundial tuvo las manos libres para responder a lo que pudo parecer en su momento una ruptura por medio de la revolución neoliberal o más exactamente neoconservadora.
Con el beneficio de la distancia histórica y la destrucción (al menos parcial) de las anteojeras de aquella época, podemos ver ahora que su esfera de acción e influencia sobrepasó las fronteras de la dominación imperialista del momento. Las «reformas» de Margaret Thatcher tuvieron como contrapartida las de Deng Xiaoping en China, que comenzaron como las suyas en 1999–80 y pasaron desapercibidas para la izquierda mundial.
––– EL LUNES 6 publicamos PARTE TRES
-
(+)FRANÇOIS CHESNAIS es profesor asociado en la Universidad de Paris-Nord, Villetaneuse. Chesnais es la promoción de la ATTAC, como miembro del Consejo Científico, con el cual ATTAC se ha transformado en una universidad popular en el país, hablando en el plano económico y financiero como sus mecanismos democráticos. Las campañas que están creciendo y, en combinación, forma el perfil de "otros mundos posibles" frente al pensamiento único”. Chesnais quiere mostrar que el movimiento actual de la economía no es, contrariamente a lo que se repite cada día, la liberalización de los mercados.
II. El tiempo de la crisis financiera
Así se comienza a percibir el alcance de la crisis financiera que se abrió y la importancia de las cuestiones en juego. Ocurre en un momento en que los instrumentos utilizados por los bancos centrales comenzaron a mostrar sus limitaciones, a fuer de haber sido utilizados repetidamente desde hace veinte años. Se produce después de una fase excepcionalmente larga de acumulación sin ruptura. Se sitúa, finalmente, cuando la configuración del marco geo–económico y geopolítico del capitalismo mundial está experimentando modificaciones profundas.
El acento se debe poner, en primer lugar, sobre el alcance y consecuencias de lo que denomino una muy larga fase de «acumulación sin ruptura». Considerando que la reconstrucción de lo destruido en la Segunda Guerra Mundial terminó a mediados de los años 1950, el capitalismo como sistema mundial conoció desde entonces más de cincuenta años de acumulación casi ininterrumpida. Es la fase de este tipo más larga de toda su historia.
La acumulación se dio con momentos de ritmos diferentes, pero sin que se produjese ninguna ruptura, como una gran crisis económica o una guerra análoga a las dos grandes conflagraciones del siglo XX. La recesión mundial de 1974–76 puso fin al largo movimiento cíclico llamado «los treinta gloriosos». Cerró un período, pero luego de una fase de transición la acumulación recomenzó sobre la base, especialmente, de un desplazamiento progresivo de su centro de gravedad geográfico. Ninguna ruptura se produjo tampoco desde el flanco de la lucha de clases. El capitalismo mundial tuvo las manos libres para responder a lo que pudo parecer en su momento una ruptura por medio de la revolución neoliberal o más exactamente neoconservadora.
Con el beneficio de la distancia histórica y la destrucción (al menos parcial) de las anteojeras de aquella época, podemos ver ahora que su esfera de acción e influencia sobrepasó las fronteras de la dominación imperialista del momento. Las «reformas» de Margaret Thatcher tuvieron como contrapartida las de Deng Xiaoping en China, que comenzaron como las suyas en 1999–80 y pasaron desapercibidas para la izquierda mundial.
––– EL LUNES 6 publicamos PARTE TRES
-
(+)FRANÇOIS CHESNAIS es profesor asociado en la Universidad de Paris-Nord, Villetaneuse. Chesnais es la promoción de la ATTAC, como miembro del Consejo Científico, con el cual ATTAC se ha transformado en una universidad popular en el país, hablando en el plano económico y financiero como sus mecanismos democráticos. Las campañas que están creciendo y, en combinación, forma el perfil de "otros mundos posibles" frente al pensamiento único”. Chesnais quiere mostrar que el movimiento actual de la economía no es, contrariamente a lo que se repite cada día, la liberalización de los mercados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario