domingo, 23 de octubre de 2011

ANALISIS DEL PANORAMA POLITICO ARGENTINO, EMITIDO HORAS ANTES DE CONOCERSE EL RESULTADO ELECTORAL.


Lunes 24 de Octubre de 2011

   "E PUR SI MUOVE"   

Claudio M. Chiaruttini
Escribe
CLAUDIO M. 
CHIARUTTINI 
 Editorial en el programa
“Sin Saco y Sin Corbata”
AM América (Radio El Mundo).  
Publicó: URGENTE 24–BS. AS.
Domingo 24 de Octubre 2011
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N. de la R.: El escritor y viajero ilustrado Giuseppe Baretti -fundador de una de las primeras revistas de crítica literaria de la Ilustración italiana, La Frusta Letteraria- afirmó que después de la abjuración, un anciano Galileo Galilei pronunció la frase «Eppur si muove» (y sin embargo se mueve), ante el tribunal de la Inquisición que lo había sentenciado, en la iglesia de Santa María sopra Minerva, el 22 de junio de 1633, a arresto en su domicilio de Arcetri.
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 Al mismo tiempo que casi 29 millones de ciudadanos reconfirman el resultado registrado en las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, imponiendo un nuevo mandato de Cristina Fernández y la consolidación de un nuevo modelo hegemónico en la Argentina, los votos estarán sepultando los últimos intentos de alcanzar el poder de una oposición que nació en 2003. Después de los festejos, después de las lluvias de declaraciones, después de los análisis, los argentinos habremos enterrado a media docena de fuerzas opositoras, que quedarán sin liderazgos, desarticuladas, sin discurso alternativo, sin credibilidad y sin capital político.

En ese marco, el proyecto hegemónico que legitimarán las urnas se agiganta justo en el momento en donde las fisuras del modelo económico, su mayor sostén durante casi 8 años, son cada vez más difíciles de simular. Así, se conforma una paradoja: el oficialismo tendrá su mayor poder político real y territorial justo en el momento en que empeoran las variables macroeconómicas locales y mundiales. Un escenario muy parecido al de Ricardo Alfonsín en 1985 y Carlos Saúl Menem en 1995.

Si algo demuestra la historia política argentina es que la adhesión ideológica, la aceptación del modelo de gestión (cualquiera sea el nivel de desprecio y manoseo de las instituciones que se realice o quién lo lleve a cabo) y la fiebre oficialista que inunda a intendentes, gobernadores, sindicalista, periodistas y artistas se evaporan al ritmo de que los problemas económicos crecen, la inflación aumenta y la situación social se deteriora.
Las elecciones de hoy van a reconfigurar el mapa partidario argentino. Poco y nada quedará del Peronismo Federal. No sólo perderá importancia la agrupación (hoy, circunscripta a la Provincia de Buenos Aires, casi un club de amigos de Eduardo Duhalde). En todo caso, si nace una oposición dentro del peronismo será encabezada por dirigentes menores de 50 años y que tengan poder territorial real. De los viejos patriarcas, sólo Carlos Alberto Reutemann podría mantener cierto prestigio y ascendencia.

La votación dará nacimiento en la Unión Cívica Radical del post-neoalfonsinismo. Pero el fracaso en las urnas del hijo de Raúl Alfonsín no implica que el centenario partido entienda que tiene un problema de identidad política (nacido en 1999) y que se ha desdibujado con los años, en especial, desde la renuncia de Fernando de la Rúa. Ser formalista, ser institucionalista, no son valores de peso en una sociedad donde la política es líquida y donde los intereses son egoístas y de corto plazo.

El Frente Amplio Progresista tiene el desafío de no quedar en la sociedad como una forma de “kirchnerismo puritano” y deberá evitar estallar como otros experimentos progresistas previos (desde el Partido Intransigente a la Coalición Cívica, pasando por el Frepaso y el ARI). La fuerza que encabeza Hermes Binner deberá crecer más allá de Santa Fe y frenar los intentos desesperados de la Casa Rosada de sustraerle legisladores que mengüen su poder en el Congreso.


Después de despilfarrar capital político en forma indiscriminada (¿o hay que decir en forma criminal?), Elisa Carrió se dio cuenta que no podrá ser Presidenta de la Nación. Como su ego no le permite ser el puente para el crecimiento de otros dirigentes de la Coalición Cívica, deberá enfrentar fugas y traiciones que podrían pulverizar su segunda agrupación política en menos de 10 años. Todo un triste récord mundial.

Los dos millonarios que intentan representar a la centroderecha (Mauricio Macri y Francisco de Narváez) tienen desafíos diferentes pero similares. El primero, deberá convertir su partido municipalista en una fuerza nacional y, el segundo, deberá definirse si quiere ser candidato peronista en 2015 o si será una opción que represente a los no peronistas bonaerenses. En ambos casos, la coincidencia es que deberán decidir si siguen pensando como empresarios o como políticos. Algunas de las fuerzas de la oposición creen que con un poco de autocrítica y nuevos asesores alcanza para recuperarse de la derrota. No son pocos los que esperarán que se sumen errores del oficialismo para crecer, esperando un supuesto derrumbe cristinista que sueñan se producirá en el futuro, casi como si esperaran la llegada de una Quimera.

No hay en las fuerzas opositoras quienes piensen en diseñar una propuesta que sea alternativa a la oficialista, no entienden que deben construir identidades, formar una ideología, buscar militancia. Dejar que el gobierno siembre y coseche entre los jóvenes es entregar el futuro al modelo hegemónico. Muchos candidatos de la oposición esperan que los empresarios rompan sus lazos con el gobierno, pero demasiado dinero hay en juego para que un divorcio temprano. Oponer anticorporativismo al corporativismo es una fórmula perfecta para el fracaso.

El establishment sólo traicionará al oficialismo cuando sus pérdidas sean cuantiosas (como ocurrió con Raúl Alfonsín) o cuando haya oportunidades de impulsar una redistribución de la riqueza que los benefice (como sucedió con la ruptura de la Convertibilidad). La legitimidad que obtendrá en las urnas hoy Cristina Fernández no permitirá críticas o denostaciones menores y vacías, el denuncismo barato demostró ser inservible para obtener votos, pero abrirá un flanco en la armadura de imagen que tiene la Presidente de la Nación.

A partir del 11 de diciembre, ante cada error cometido por el oficialismo, el peso de los sufragios podrá ser usado en su contra, como el lema “Salariazo y Revolución Productiva” fue utilizado para esmerilar a Carlos Saúl Menem cuando comenzó la recesión y el cierre de empresas en 1998. El cristinismo talibán creerá que el impulso y legitimidad que les regalarán las urnas permitirán todo tipo de comportamientos. Además, los problemas en Europa y los Estados Unidos validan más los slogans que levantan como banderas ideológicas. Sin embargo, desde el regreso de la democracia, los intentos de imponer proyectos hegemónicos fracasaron por problemas económicos, como fueron el Tercer Movimiento Histórico de Raúl Alfonsín y la re-re-reelección de Carlos Saúl Menem.

Es cierto que el kirchnerismo será la segunda fuerza política que, en los últimos 111 años logró obtener tres mandatos consecutivos en las urnas (el anterior fue la Unión Cívica Radical entre 1916 y 1930) y Cristina Fernández será la tercera mandataria en la historia argentina en ganar dos períodos consecutivos (Juan Domingo Perón y Carlos Saúl Menem fueron los otros) y tendrá la mayor diferencia en votos que un Presidente de la Nación obtuvo de su seguidor más cercano. Esta tarde, no hay resultado que sorprenda. Es cierto que tenemos uno de los menores niveles de desempleo y pobreza de los últimos 50 años, pero también, nunca en la Argentina hubo tanta gente que tuviera algún tipo de asistencia social y jamás hubo tantos empleados públicos (comparado los privados). Las canteras del voto oficialista son fácilmente identificables.

Que se pueda usar kirchnerismo y cristinismo como sinónimos es una facilidad idiomática, en la práctica, las diferencias son notables. El primero negocia con el Partido Justicialista y con el sindicalismo para acumular poder y crear la estructura política sobre la cuál sostenerse.  En cambio, el cristinismo quiere a un peronismo sometido y a un gremialismo dependiente de la caja. Por eso las aguas estarán movidas en el peronismo y en el sindicalismo mientras las oposiciones lamen sus heridas.

Quizás el año que viene, quizás en 2013, habrá que realizar una nueva reforma política para asegurar la recuperación de las oposiciones y neutralizar las tendencias hegemónicas. Creer que con una reforma constitucional con tendencia parlamentaristas es la solución, sería un gravísimo error. Hoy que recordar que Néstor Kirchner hizo una modificación para asegurar la supervivencia del kirchnerismo y Cristina Fernández hará otra para perpetuar al cristinismo en el poder. Sin embargo, la duda es con qué capital político podrán contar las oposiciones para enfrentar al oficialismo en los próximos dos años.

El reeleccionismo perpetuo de intendentes y, ahora, de gobernadores, el uso del Estado como aparato político, el ahogo financiero de las fuerzas opositoras (todas ahora minoritarias), el control monopólico de las publicidades electorales por el gobierno, prohibiendo la contratación de pautas en forma independientes); devolver el control de los padrones y del escrutinio a la Justicia Electoral y que las internas abiertas obligatorias se realicen pesen a existir un solo candidato, forman parte de la lista de cambios a realizar y las oposiciones no tienen conciencia de la compleja tarea a ejecutar.

A partir de mañana, el oficialismo buscará la reelección eterna de Cristina Fernández. A partir de mañana, las fuerzas de la oposición, parte del sindicalismo y una parte del peronismo intentarán poner límites al mandato de Cristina Fernández.  Esta puja comenzó el 14 de Agosto, luego de las internas abiertas, pero mientras el oficialismo tiene los medios para imponer su voluntad, las oposiciones, los gremios y el peronismo no kirchnerista no están articulados ni en acuerdo para evitarlo.

Esa construcción deberá realizarse en medio de otros dos fenómenos: la traición de los peronistas al oficialismo y los intentos de resurrección de las oposiciones. El desgaste será enorme y los errores estratégicos que se cometan tendrán un costo político y electoral enorme.

El gobierno podrá seguir reemplazando a Juan Domingo Perón por Néstor Kirchner, solapar a Evita con Cristina Fernández o mitificar la relación del santacruceño con la platense como se hizo en el pasado entre el militar y la artista. En la creación de un movimiento superador del peronismo, el cristinismo, casi como un organismo parasitario, deberá devorar, alimentarse y crecer usando los andrajos de peronismo. Pero las oposiciones deberán hacer igual tarea buscando su identidad, pero no cuentan con una mística tan intensa como la peronista.

Cuando las urnas se abran, comenzarán las celebraciones para unos y los enojos para los otros. La euforia será apagada por los problemas reales de un modelo que cruje y de un mundo en crisis. Mientras se esperan las soluciones, crecerá la impaciencia y la queja. Los problemas seguirán acumulándose. Por fin, como enseña la historia argentina en los últimos 30 años, será el turno de las lamentaciones, de las traiciones y de las repentinas amnesias. Recién entonces, renacerán las ilusiones de unos y volverán los berrinches de otros. El péndulo argentino habrá revertido su tendencia. Sólo hay que esperar.

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