Lunes
24 de Octubre de 2011
"E PUR
SI MUOVE"
| Claudio M. Chiaruttini |
Escribe
CLAUDIO
M.
CHIARUTTINI
Editorial en
el programa
“Sin Saco y Sin Corbata”
AM América (Radio
El Mundo).
Publicó: URGENTE 24–BS. AS.
Domingo 24 de Octubre 2011
.
N. de
la R.: El escritor y viajero ilustrado Giuseppe Baretti -fundador de una de las
primeras revistas de crítica literaria de la Ilustración italiana, La Frusta
Letteraria- afirmó que después de la abjuración, un anciano Galileo Galilei
pronunció la frase «Eppur si muove» (y sin embargo se mueve), ante el tribunal
de la Inquisición que lo había sentenciado, en la iglesia de Santa María sopra
Minerva, el 22 de junio de 1633, a arresto en su domicilio de Arcetri.
.
Al mismo tiempo que casi 29 millones de
ciudadanos reconfirman el resultado registrado en las primarias, abiertas,
simultáneas y obligatorias, imponiendo un nuevo mandato de Cristina Fernández y
la consolidación de un nuevo modelo hegemónico en la Argentina, los votos
estarán sepultando los últimos intentos de alcanzar el poder de una oposición
que nació en 2003. Después de los festejos, después de las lluvias de
declaraciones, después de los análisis, los argentinos habremos enterrado a
media docena de fuerzas opositoras, que quedarán sin liderazgos,
desarticuladas, sin discurso alternativo, sin credibilidad y sin capital
político.
En ese
marco, el proyecto hegemónico que legitimarán las urnas se agiganta justo en el
momento en donde las fisuras del modelo económico, su mayor sostén durante casi
8 años, son cada vez más difíciles de simular. Así, se conforma una paradoja:
el oficialismo tendrá su mayor poder político real y territorial justo en el
momento en que empeoran las variables macroeconómicas locales y mundiales. Un
escenario muy parecido al de Ricardo Alfonsín en 1985 y Carlos Saúl Menem en
1995.
Si algo
demuestra la historia política argentina es que la adhesión ideológica, la
aceptación del modelo de gestión (cualquiera sea el nivel de desprecio y
manoseo de las instituciones que se realice o quién lo lleve a cabo) y la
fiebre oficialista que inunda a intendentes, gobernadores, sindicalista,
periodistas y artistas se evaporan al ritmo de que los problemas económicos
crecen, la inflación aumenta y la situación social se deteriora.
Las
elecciones de hoy van a reconfigurar el mapa partidario argentino. Poco y nada
quedará del Peronismo Federal. No sólo perderá importancia la agrupación (hoy,
circunscripta a la Provincia de Buenos Aires, casi un club de amigos de Eduardo
Duhalde). En todo caso, si nace una oposición dentro del peronismo será encabezada
por dirigentes menores de 50 años y que tengan poder territorial real. De los
viejos patriarcas, sólo Carlos Alberto Reutemann podría mantener cierto
prestigio y ascendencia.
La
votación dará nacimiento en la Unión Cívica Radical del post-neoalfonsinismo.
Pero el fracaso en las urnas del hijo de Raúl Alfonsín no implica que el
centenario partido entienda que tiene un problema de identidad política (nacido
en 1999) y que se ha desdibujado con los años, en especial, desde la renuncia
de Fernando de la Rúa. Ser formalista, ser institucionalista, no son valores de
peso en una sociedad donde la política es líquida y donde los intereses son
egoístas y de corto plazo.
El
Frente Amplio Progresista tiene el desafío de no quedar en la sociedad como una
forma de “kirchnerismo puritano” y deberá evitar estallar como otros
experimentos progresistas previos (desde el Partido Intransigente a la
Coalición Cívica, pasando por el Frepaso y el ARI). La fuerza que encabeza
Hermes Binner deberá crecer más allá de Santa Fe y frenar los intentos
desesperados de la Casa Rosada de sustraerle legisladores que mengüen su poder
en el Congreso.
Después
de despilfarrar capital político en forma indiscriminada (¿o hay que decir en
forma criminal?), Elisa Carrió se dio cuenta que no podrá ser Presidenta de la
Nación. Como su ego no le permite ser el puente para el crecimiento de otros
dirigentes de la Coalición Cívica, deberá enfrentar fugas y traiciones que
podrían pulverizar su segunda agrupación política en menos de 10 años. Todo un
triste récord mundial.
Los dos
millonarios que intentan representar a la centroderecha (Mauricio Macri y
Francisco de Narváez) tienen desafíos diferentes pero similares. El primero,
deberá convertir su partido municipalista en una fuerza nacional y, el segundo,
deberá definirse si quiere ser candidato peronista en 2015 o si será una opción
que represente a los no peronistas bonaerenses. En ambos casos, la coincidencia
es que deberán decidir si siguen pensando como empresarios o como políticos. Algunas
de las fuerzas de la oposición creen que con un poco de autocrítica y nuevos
asesores alcanza para recuperarse de la derrota. No son pocos los que esperarán
que se sumen errores del oficialismo para crecer, esperando un supuesto
derrumbe cristinista que sueñan se producirá en el futuro, casi como si
esperaran la llegada de una Quimera.
No hay
en las fuerzas opositoras quienes piensen en diseñar una propuesta que sea
alternativa a la oficialista, no entienden que deben construir identidades,
formar una ideología, buscar militancia. Dejar que el gobierno siembre y
coseche entre los jóvenes es entregar el futuro al modelo hegemónico. Muchos
candidatos de la oposición esperan que los empresarios rompan sus lazos con el
gobierno, pero demasiado dinero hay en juego para que un divorcio temprano.
Oponer anticorporativismo al corporativismo es una fórmula perfecta para el
fracaso.
El
establishment sólo traicionará al oficialismo cuando sus pérdidas sean
cuantiosas (como ocurrió con Raúl Alfonsín) o cuando haya oportunidades de
impulsar una redistribución de la riqueza que los benefice (como sucedió con la
ruptura de la Convertibilidad). La legitimidad que obtendrá en las urnas hoy
Cristina Fernández no permitirá críticas o denostaciones menores y vacías, el
denuncismo barato demostró ser inservible para obtener votos, pero abrirá un
flanco en la armadura de imagen que tiene la Presidente de la Nación.
A
partir del 11 de diciembre, ante cada error cometido por el oficialismo, el peso
de los sufragios podrá ser usado en su contra, como el lema “Salariazo y
Revolución Productiva” fue utilizado para esmerilar a Carlos Saúl Menem cuando
comenzó la recesión y el cierre de empresas en 1998. El cristinismo talibán
creerá que el impulso y legitimidad que les regalarán las urnas permitirán todo
tipo de comportamientos. Además, los problemas en Europa y los Estados Unidos
validan más los slogans que levantan como banderas ideológicas. Sin embargo,
desde el regreso de la democracia, los intentos de imponer proyectos
hegemónicos fracasaron por problemas económicos, como fueron el Tercer
Movimiento Histórico de Raúl Alfonsín y la re-re-reelección de Carlos Saúl
Menem.
Es
cierto que el kirchnerismo será la segunda fuerza política que, en los últimos
111 años logró obtener tres mandatos consecutivos en las urnas (el anterior fue
la Unión Cívica Radical entre 1916 y 1930) y Cristina Fernández será la tercera
mandataria en la historia argentina en ganar dos períodos consecutivos (Juan
Domingo Perón y Carlos Saúl Menem fueron los otros) y tendrá la mayor
diferencia en votos que un Presidente de la Nación obtuvo de su seguidor más
cercano. Esta tarde, no hay resultado que sorprenda. Es cierto que tenemos uno
de los menores niveles de desempleo y pobreza de los últimos 50 años, pero
también, nunca en la Argentina hubo tanta gente que tuviera algún tipo de
asistencia social y jamás hubo tantos empleados públicos (comparado los
privados). Las canteras del voto oficialista son fácilmente identificables.
Que se pueda usar kirchnerismo y cristinismo como sinónimos es una facilidad idiomática, en la práctica, las diferencias son notables. El primero negocia con el Partido Justicialista y con el sindicalismo para acumular poder y crear la estructura política sobre la cuál sostenerse. En cambio, el cristinismo quiere a un peronismo sometido y a un gremialismo dependiente de la caja. Por eso las aguas estarán movidas en el peronismo y en el sindicalismo mientras las oposiciones lamen sus heridas.
Quizás
el año que viene, quizás en 2013, habrá que realizar una nueva reforma política
para asegurar la recuperación de las oposiciones y neutralizar las tendencias
hegemónicas. Creer que con una reforma constitucional con tendencia
parlamentaristas es la solución, sería un gravísimo error. Hoy que recordar que
Néstor Kirchner hizo una modificación para asegurar la supervivencia del
kirchnerismo y Cristina Fernández hará otra para perpetuar al cristinismo en el
poder. Sin embargo, la duda es con qué capital político podrán contar las
oposiciones para enfrentar al oficialismo en los próximos dos años.
El
reeleccionismo perpetuo de intendentes y, ahora, de gobernadores, el uso del
Estado como aparato político, el ahogo financiero de las fuerzas opositoras (todas
ahora minoritarias), el control monopólico de las publicidades electorales por
el gobierno, prohibiendo la contratación de pautas en forma independientes);
devolver el control de los padrones y del escrutinio a la Justicia Electoral y
que las internas abiertas obligatorias se realicen pesen a existir un solo
candidato, forman parte de la lista de cambios a realizar y las oposiciones no
tienen conciencia de la compleja tarea a ejecutar.
A partir de mañana, el oficialismo buscará la reelección eterna de Cristina Fernández. A partir de mañana, las fuerzas de la oposición, parte del sindicalismo y una parte del peronismo intentarán poner límites al mandato de Cristina Fernández. Esta puja comenzó el 14 de Agosto, luego de las internas abiertas, pero mientras el oficialismo tiene los medios para imponer su voluntad, las oposiciones, los gremios y el peronismo no kirchnerista no están articulados ni en acuerdo para evitarlo.
Esa
construcción deberá realizarse en medio de otros dos fenómenos: la traición de
los peronistas al oficialismo y los intentos de resurrección de las
oposiciones. El desgaste será enorme y los errores estratégicos que se cometan
tendrán un costo político y electoral enorme.
El
gobierno podrá seguir reemplazando a Juan Domingo Perón por Néstor Kirchner,
solapar a Evita con Cristina Fernández o mitificar la relación del santacruceño
con la platense como se hizo en el pasado entre el militar y la artista. En la
creación de un movimiento superador del peronismo, el cristinismo, casi como un
organismo parasitario, deberá devorar, alimentarse y crecer usando los andrajos
de peronismo. Pero las oposiciones deberán hacer igual tarea buscando su
identidad, pero no cuentan con una mística tan intensa como la peronista.
Cuando
las urnas se abran, comenzarán las celebraciones para unos y los enojos para
los otros. La euforia será apagada por los problemas reales de un modelo que
cruje y de un mundo en crisis. Mientras se esperan las soluciones, crecerá la
impaciencia y la queja. Los problemas seguirán acumulándose. Por fin, como
enseña la historia argentina en los últimos 30 años, será el turno de las
lamentaciones, de las traiciones y de las repentinas amnesias. Recién entonces,
renacerán las ilusiones de unos y volverán los berrinches de otros. El péndulo
argentino habrá revertido su tendencia. Sólo hay que esperar.






No hay comentarios:
Publicar un comentario