martes, 14 de abril de 2015

TRANSGÉNICOS VS. BIODIVERSIDAD EN URUGUAY

“PRODUCIMOS ALIMENTOS PARA 30 MILLONES  ”…Nin Novoa. 
LA SOJA Y EL MAIZ TRANSGÉNICOS SON INCOMIBLES. 
DESTINADOS SI A ALIMENTOS, PERO DE AUTOMÓVILES.


Escribe 
LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ (*) 
Fuente “Rebelión” 
12 de abril 2015

(*) LUIS E SABINI - Periodista especializado en cuestiones ambientales, de cultura y vida cotidiana. Encagado del seminario de Ecología. Escritor. Autor de  “Genética y socialismo: la ideología configurando ciencia y política” (Imago.Mundi) La expansión de la soja en los campos de Uruguay es avasallante. Lo que también se llama sojización del agro. El negocio del capital apunta a imperar sobre la vida, a matar la vida en beneficio del capital.


Tras por lo menos década y media de demoras, la Organización Mundial de la Salud, OMS,  acaba de anunciar que el glifosato, es patógeno, cancerígeno.  Tarde, entonces con el glifosato, pero fuerte el golpe recibido. Lo podemos medir hasta por la reacción. Monsanto
Doctor ANDRES CARRASCO
ya había exigido a fines de 2013 la retractacìón de Food and Chemical Toxicology (“Toxicología química y alimentaria”,) por su publicación de una investigación que cuestionaba seriamente la inocuidad del glifosato. Retractación en toda regla: eliminando de la edición el artículo impugnado. Esto ya había pasado anteriormente, incluso en el siglo pasado (el primer despedido fue probablemente el investigador húngaro Arpad Pusztai por develar su desconfianza ante papas transgénicas) y últimamente Séralini en Francia y Carrasco en Argentina habían sido cuestionados por los resultados adversos al glifosato de sus investigaciones. Ante el mazado recibido, Monsanto demandó inmediatamente, una vez más, a las autoridades de la OMS, la retractación. Pero esta vez ya no pudo
ser.  La presión de Monsanto se hizo sentir con una lluvia de informes favorables y en 1991, la EPA retiró la calificación que ahora, en 2015, 24 años después, se vuelve a poner. Esta vez, empero, el dictamen suena definitivo. En el Reino Unido, en España, en Noruega, en Francia, en Argentina, en EE.UU., ya no solo en la OMS, van lloviendo las investigaciones incontrastables.   Diversas organizaciones y grupos críticos de la agroindustria y la quimiquización de los campos, aquí también, en Uruguay se han hecho eco de que el “inocente e inocuo” glifosato produce cánceres. Y no sólo cánceres. Es la lucha de Por Uruguay Sustentable o del Instituto Nacional por los Derechos Humanos, por ejemplo. Sin embargo, ¿qué vemos entre los referentes y personeros del “campo”, en rigor de la agroindustria? En primerísimo lugar, no registran la última decisión de la OMS, ni siquiera con los consiguientes antecedentes, muy pesados, para prohibir el glifosato (algo que conlleva el cuestionamiento de los transgénicos, puesto que la mayoría de tales “eventos” están amparados para su desarrollo y madurez en la barrera de un pesticida en particular; el glifosato). El 5 de abril desde la Agro-Expoactiva nacional el cotidiano montevideano

El Observador titulaba: “La soja es la madre de todas las batallas”. Si bien la resolución condenatoria data de aproximadamente el 20 de marzo informes lapidarios sobre el carácter altamente tóxico del glifosato y sus coadyuvantes venían de mucho antes (véase la enumeración sucinta e incompleta mencionada en n. 2); ya recordamos la advertencia de Arpad Pusztai, pero tan recientemente como en diciembre 2014, Don Fitz en su “La negación de la contaminación transgénica: controlando a la ciencia” explicitaba que el gobierno de EE.UU. dedica unos 43 millones de dólares a la producción orgánica; a la comida industrial,



del sistema, se le otorga 1120 millones… y que a la investigación médica, de laboratorio, se le brinda 30 000 millones. 27 veces más que a los alimentos comerciales y éstos (consiguientemente con riesgo de toxicidad) se llevan 695 veces lo dedicado a alimentos sin venenos… Dime qué presupuestas y te diré qué valoras…Fitz se pregunta el porqué de tal política: “¿Cómo es posible que en el siglo XXI […] las redes de alimentos industriales estén tan obsesionadas en desparramar transgénicos por todas partes cuando nadie los reclama y cuando ya se sabe que están sobrecargados con tantos peligros sanitarios y ambientales? Porque los transgénicos son un componente fundamental en un inmenso plan de reemplazar a los campesinos, a los pequeños campesinos tradicionales, con enormes establecimientos agrofabriles, que procesen productos uniformes para el mercado global e ignoren las necesidades para alimentar a las poblaciones locales.” ¡Ésta es la clave!; lo que estamos viendo en Paraguay y Uruguay y antes en Argentina.¡   

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