jueves, 10 de septiembre de 2015

ALTERNATIVAS AL PODER DE LAS TRANSNACIONALES

EN EL  LA CRISIS DE LOS 70 LAS TENDENCIAS EXPANSIVAS SE AGUDIZAN.
EN GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL A LO LARGO Y ANCHO DEL MUNDO.
AGRICULTURA, SERVICIOS, MINERALES, ESTADOS Y  PUEBLOS…


Escribe 
GONZALO FERNÁNDEZ ORTIZ
Fuente “Revista Pueblos” 
25 de Agosto 2015

(*) FERNÁNDEZ ORTIZ DE ZÁRATE, GONZALO. Analista Investigador Periodista. Coordinador  general de Hegoa y de Paz con Dignidad – Euskadi e   del Observatorio de Multinacionales – Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional. Miembro  de la Mesa Internacionalista de Alternatiba. Columnista en “Rebelión”, Revista “Pueblos” y otros medios de la prensa alternativa.  Perfil profesional en  LinkedIn, la red de negocios (Chile)    

Quienes asistieron al nacimiento de las primeras compañías comerciales en Holanda en el siglo XVII, quienes vivieron la aparición de las fábricas textiles en Manchester en el siglo XIX, e incluso las
grandes empresas fordistas y de los incipientes conglomerados corporativos  a lo largo de los primeros dos tercios del siglo XX, asombrados ante el poder acumulado hoy por las empresas transnacionales. Tal vez  Karl Marx se quedaría perplejo ante la dimensión global y el peso que  han alcanzado en múltiples aspectos de las vidas, de todas y cada una de las personas y pueblos que vivimos en este mundo. A partir de la actual globalización neoliberal, iniciada hace cuatro décadas se convierten en los agentes que  impulsan una salida desde   los valores civilizatorios vigentes.
 (Ánimo de lucro, maximización de la ganancia, acumulación,
crecimiento incesante), a través de una propuesta política conocida como Consenso de Washington (desregulación, apertura, flexibilización, limitación de las capacidades de los Estados). De esta manera,   asumen el papel de agente hegemónico y amplían no sólo su frontera espacial a lo largo y ancho del mundo, sino también su frontera sectorial (incorporando progresivamente al mercado

capitalista y controlando ámbitos como la agricultura, los servicios, los bienes naturales, las patentes sobre la propia vida, etc.), e incluso su frontera política (alcanzando una capacidad de incidencia superior a la de los Estados y los pueblos). Acumulan  poder que se expande más allá de lo económico a los ámbitos político, cultural y jurídico.

Empresas transnacionales se sitúan en el centro de cadenas globales de producción, distribución, comercialización, finanzas y comunicación, lo que les permite acumular beneficios que superan las capacidades de los propios Estados. Algunos ejemplos: Wal-Mart, la
mayor empresa del mundo, maneja un volumen anual de ventas que supera la suma del PIB de Colombia y Ecuador, mientras la petrolera Shell tiene unos ingresos superiores al PIB de Emiratos Árabes Unidos, al igual que el BBVA comparado con Guatemala. Por supuesto, esta situación de privilegio económico se traslada de manera natural a un poder político creciente. Las multinacionales son las principales beneficiarias (y defensoras a ultranza) de la democracia de baja intensidad en la que vivimos, donde las decisiones se alejan de la ciudadanía y se toman cada vez

más en ámbitos supraestatales (como estamos viendo en las negociaciones del TTIP o del TISA,)

 Sin las mínimas garantías democráticas de participación e información, y contando con la connivencia de Estados matrices y receptores, así como de las principales instituciones multilaterales, formales (FMI, OMC) o informales (G7). Es en este contexto y en estos espacios donde su capacidad de incidencia a través de lobbies se acrecienta, a la vez que, en
sentido contrario, los Estados (y no digamos ya los pueblos) pierden peso específico. De esta manera, los gobiernos ven limitada su capacidad para actuar en defensa de la ciudadanía en espacios donde no tienen protagonismo. A su vez, la infiltración de las transnacionales en sus competencias y responsabilidades es tal que en muchas ocasiones los Estados priman la alianza con éstas frente a su compromiso con las mayorías sociales, bien sea por derrotismo (no hay alternativa), persuasión (empleo, negocios, inversión extranjera directa, etc.) y/o corrupción

(sobornos, puertas giratorias, etc.).

Situando a las grandes corporaciones como agentes políticos de primer orden. Además, acumulan también poder cultural, jugando un papel fundamental en la reproducción simbólica del sistema, convirtiéndose en sujetos activos en defensa de una civilización individualista, consumista, fragmentada y despolitizada. De esta manera, han entendido con claridad que su legitimación depende de los imaginarios colectivos, de los valores imperantes, para lo cual han llevado la cultura a su terreno (mercantilizándola en la medida de lo posible), a la vez que han diseñado, impulsado y generalizado un formato universal de sociedad, de ciudadanía global, y de saber y conocimiento, adaptado a la primacía del crecimiento capitalista y a la democracia de baja intensidad.  

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