sábado, 6 de diciembre de 2014

EL MODELO EDUCATIVO VIGENTE ¿SE HA AGOTADO?

 EL SISTEMA EDUCATIVO PREPARA A LAS MAYORÍAS 
PARA TENER ALGÚN GRADO DE   FORMACIÓN 
QUE LE PERMITA SER PARTE DE ESE EJÉRCITO 
DE RESERVA QUE SE MANTIENE EN LA INFORMALIDAD

Escribe
RUBÉN EDUARDO MENDOZA  (*)
 Fuente “Alainet” Publica “Eco Portal” 
4 de Diciembre 2014

(*) RUBÉN EDUARDO MENDOZA es educador popular, militante político de la izquierda social en los procesos de lucha y resistencia por la defensa del territorio y la vida. Miembro de la Institución Prodessa (CEAAL). Este texto es parte de la Revista América Latina en Movimiento, No 499 de octubre de 2014, que trata sobre el tema de "Educación popular: vigencia y desafíos"


El modelo educativo actual en nuestra Latinoamérica  , responde al modelo económico y político de acumulación de los últimos 25 años ha aumentado la riqueza en manos de un menor número de personas, donde el 1% de las familias del mundo posee el 46% de la riqueza mundial.  Lo anterior nos puede ir ubicando
en que el modelo educativo vigente en nuestros países, realmente no está agotado. Al contrario, se reforma o reformulan las políticas dentro de nuestros países para “fortalecer el sistema educativo”, Este se regenera y se hace mucho más funcional para a  la acumulación de riqueza,  para la óptica de las elites económicas en nuestra región, que  les permite mantener su dominio ideológico en la mente de la gran mayoría de la población, que, aunque sabe que tiene derechos inalienables y lucha por ellos, no cambia el modelo económico por lo que no cambiarán radicalmente las condiciones de exclusión, pobreza y marginación que son el alimento que da sustento al modelo económico dominante. Pero veamos algunas
cifras que nos van dando la idea del porqué afirmo que el sistema es funcional a las elites económicas.  Los datos en Latinoamérica nos dicen que la tasa de matriculación para la niñez en edad de la primaria anda por el 95%, mientras que para la secundaria, el resultado es de un 73%.  Si vemos los años de escolaridad alcanzados, vemos que para Argentina están en 10.5, y Panamá el referente centroamericano 9.2.  Al cruzar estos datos con los relacionados al empleo –según el sociómetro del BID, actualmente un 54% de la población tiene empleos informales, en relación al 30% de inicios de los años ’80–, podemos confirmar que hay cambios en el mundo laboral que es el que le produce riquezas a las elites económicas y también se puede decir que el sistema educativo sólo prepara a las mayorías para tener algún grado de información y formación que le permita ser parte de ese ejército de reserva que se mantiene en la informalidad, a
la espera de una “oportunidad” para subir a la formalidad, que solo se da cuando las familias de las “elites”, dueñas de las grandes empresas y medios de producción, retiren o despidan a los contratados para no pagar prestaciones y busquen renovar las plazas de trabajo formal.  Este es un ciclo funcional y perverso que les permite a los dueños de las empresas mantener los salarios al mínimo. Veamos el caso de Guatemala: un estudio de la Unión Europea y el Ministerio de Educación señala: “Que el 73% de jóvenes trabajan sin contrato, labora más de 48 horas semanales y el 40% gana menos de un dólar diario, en tanto que el 62% gana menos que el salario mínimo”. Pero ¿cómo lo permitimos? O ¿cómo se mantiene este sistema excluyente y desigual?  Según uno de los resultados obtenidos en
2011 en localidades rurales de Guatemala, por el IEH [2], “el tipo de educación y las formas en que se está implementando en las instituciones del diversificado, está produciendo un sujeto estudiantil que se transformará en fuerza laboral útil dentro del esquema económico vigente en el país…”. Es decir que, aunque los bajos niveles de educación están vinculados directamente con la falta de acceso al empleo formal, a la pobreza y a los problemas sociales, también podemos observar que las élites económicas aplauden y respaldan esta situación, pues a ellos (las élites) les va muy bien en su óptica de acumulación de riqueza y de dominación de la mayoría de la población que está bastante convencida de que este es el único modo de vivir y producir o tiene miedo a sublevarse al sistema, pues también el dominio de las elites no sólo es ideológico sino también represivo.    

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