Jueves
20 de octubre de 2011
AMÉRICA
LATINA:
IDEOLOGÍA Y COMPROMISO
Escribe
JORGE
GOMEZ BARATA (*)
GOMEZ BARATA (*)
Publico ARGENPRESS
20
de octubre 2011
.
(*)
Jorge Gómez Barata- Profesor, escritor, historiador, investigador y periodista
cubano- Vive en La Habana- autor de numerosos estudios sobre EEUU. Especializado en temas de política
internacional. Colaborador habitual en los principales medios de prensa, latinoamericanos
y extranjeros. Hadicho que “En todas las esferas del saber y de
la práctica social, incluyendo la economía, la verdad es siempre sencilla, ...”
.
En los
años 90 terminó la bipolaridad, se instaló la globalización y comenzaron a
circular metáforas acerca de que cuando estornudan en Wall Street hay neumonía
en Buenos Aires y si una mariposa aletea en Tokio la tierra tiembla en Río de
Janeiro. No ocurrió así. La izquierda se desconcertó y se dispersó en Europa y
floreció en Iberoamérica, hay crisis económica en el primer mundo y prosperidad
en América Latina y no porque allá la gente se indigne habrá sublevaciones
aquí. El maleficio se ha roto porque los gobiernos de la nueva izquierda
latinoamericana hacen la diferencia.
Aunque
el estancamiento latinoamericano suele vincularse a los problemas estructurales
asociados a la economía, lo determinante han sido los sistemas políticos
basados en el poder de oligarquías antediluvianas y en los cuales el Estado no
se consideraba responsable por el bien común ni comprometido con los intereses
nacionales.
En ese
orden de cosas, entre las excepciones figuraron los liderazgos de Cárdenas,
Vargas y Perón, bajo cuya conducción se aplicaron políticas de desarrollo
económico que partiendo del rescate y explotación de las riquezas nacionales
favorecieron a la vez el desarrollo de la llamada burguesía nacional,
auspiciaron crecimientos económicos, fomentaron la industrialización y la
creación de infraestructuras que dieron lugar a las grandes economías latinoamericanas.
Al
interrumpirse aquellos liderazgos donde como en todos los grandes procesos
políticos hay luces y sombras, sus obras se paralizaron o perdieron eficacia e
incluso hubo visibles retrocesos, entre los más importantes figuran el
establecimiento de dictaduras, gobiernos impopulares y entreguistas o
notoriamente ineficientes. Nada explica esos fenómenos negativos excepto la
debilidad de las instituciones del Estado que, más allá de las clases, los
partidos y los liderazgos personales, aunque de modo imperfecto sintetizan el
interés nacional.
De
haber existido mínimos de estabilidad y de continuidad en la aplicación de
políticas de desarrollo nacional no sólo esos países hubieran avanzado
considerablemente, sino que hubieran podido irradiar una influencia positiva
hacia sus vecinos y el área en su conjunto creándose premisas como las que, a
pesar de las interminables guerras, entre ellas dos mundiales y miríadas de
confrontaciones en Europa, desembocaron en procesos de integración no sólo
económica sino también política.
En
medio de los cataclismos derivados de la crisis política que dio al traste con
el socialismo real e hizo desaparecer a la Unión Soviética, la presencia de los
modelos neoliberales instalados en los grandes países, el lastre que significó
una abultada deuda externa y en medio de la que probablemente resulte ser la
mayor y más prolongada crisis económica del sistema, en la última década, con
la llegada al poder de los gobiernos de la nueva izquierda se han creado
premisas y condiciones, no sólo para el crecimiento económico sino para el
florecimiento de tales procesos.
La
Revolución Bolivariana en Venezuela, los gobiernos de Lula y ahora de la
Rousseff en Brasil, las sucesivas administraciones de los Kirchner en
Argentina, la renovación política en Ecuador, el empuje del proceso boliviano,
los rebrotes del sandinismo en Nicaragua y los avances de la izquierda en
Paraguay, El Salvador y otros países, plantean un esquema a la vez que plural
coherente.
Lo
mismo que las administraciones y la obra de Cárdenas, Perón, Vargas no se
caracterizaron ni se definieron por sus opciones ideológicas ni por sus
actitudes ante el sistema global, tampoco lo han hecho los representantes de la
nueva izquierda, que se centran sobre todo en grandes objetivos de progreso y
desarrollo nacional mientras favorecen los esquemas integracionistas. A la vez
en casi todos los países se despliegan esfuerzos para reforzar la
institucionalidad, consolidar los avances logrados y hacerlos irreversibles.
De
alguna manera para la nueva izquierda latinoamericana que no depende de matriz
doctrinaria alguna, tiene vigencia la pragmática sentencia atribuida a Deng
Xiaoping: “No importa el color del gato sino que cace ratones”.
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